Se acerca la Cuaresma… El Miércoles de Ceniza, es el punto de partida que nos llevará a la Semana Santa. La Cuaresma es un tiempo litúrgico de penitencia y conversión, en la que los fieles se preparan para vivir los Misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo que se recuerdan en Semana Santa, tiene una duración de 40 días y, a lo largo de este tiempo, los católicos hacen un esfuerzo por mantener un ritmo y estilo de vida de verdaderos creyentes, hijos de Dios.

     La primera práctica cuaresmal es la oración, condición indispensable para el encuentro con Dios. Con ella, el cristiano dialoga con el Señor, deja que la gracia entre en su corazón y, como la Virgen María se abre a la acción del Espíritu Santo, dando una respuesta libre y generosa (Lc 1,38).

     La segunda práctica es la mortificación que se realiza cotidianamente y sin necesidad de hacer grandes sacrificios. Con ella, se ofrecen a Cristo aquellos momentos que generan molestias y se aceptan con humildad y alegría, las adversidades.

     La tercera práctica es la caridad y San Juan Pablo II, explica que está enraizada “en lo más hondo del corazón humano: toda persona siente el deseo de ponerse en contacto con los otros, y se realiza plenamente cuando se da libremente a los demás”. El ayuno, consiste en ingerir una sola comida “fuerte” al día, mientras que la abstinencia, consiste en no comer carne. Con ambos sacrificios se reconoce la necesidad de hacer obras por el bien de la Iglesia y en reparación de nuestros pecados. En esta práctica también se dejan de lado las necesidades terrenales para redescubrir la sed de Dios. “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4).

     El ayuno es obligatorio desde los 18 hasta los 59 años y no prohíbe tomar un poco de alimento por la mañana y por la noche. En el caso de la abstinencia, si bien se refiere a no comer carnes, no impide el consumo de huevos, lácteos y cualquier condimento con grasa animal. La abstinencia se observa todos los viernes del año y es obligatoria desde los 14 años.

     Con el Miércoles de Ceniza, comienzan los 40 días de preparación para la Pascua. Ese día, el sacerdote bendice e impone las cenizas hechas de las palmas bendecidas en el Domingo de Ramos del año anterior. La ceniza representa un signo de humildad y le recuerda al cristiano su origen y su fin. Son impuestas haciendo la señal de la cruz en la frente y pronunciando las palabras bíblicas: “acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás” o “Conviértete y cree en el Evangelio”.

     La Cuaresma termina en el Jueves Santo. Ese día la Iglesia conmemora la Última Cena en la que el Señor comió con sus apóstoles, antes de ser crucificado el Viernes Santo. La Cuaresma dura 40 días. Un número especial en la Biblia, ya que el número cuatro simboliza el universo material el que, seguido de ceros, significa el tiempo de la vida en la tierra, con sus pruebas y dificultades.

     En este tiempo, los 40 días recuerdan los días que Jesús pasó en el desierto, antes de comenzar su vida pública.

     El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de conversión espiritual, de preparación al Misterio Pascual.