Colegio San Agustín – El Paraíso

A PROPÓSITO DEL VIACRUCIS JUVENIL CSAP

   El viernes 31 de marzo del presente, se llevó a cabo el Viacrucis Juvenil CSAP 2017 en las instalaciones del Colegio “San Agustín” El Paraíso. Esta actividad bajo la Dirección del Prof. Israel Rodríguez conjuntamente con el P. Nicanor Vivas y el Departamento de Pastoral, contó con la colaboración de Escuela de Padres y un grupo de Docentes.

  Dicha actividad tuvo como propósito evangelizar y/o sensibilizar a nuestra familia Agustiniana durante este tiempo cuaresmal mediante la pasión de Jesús. Así pues, tuvimos la oportunidad de percibir no solo el montaje artístico por parte de 150 estudiantes de cuarto año quienes actualmente se preparan para su confirmación, sino también un mensaje esperanzador cargado de fe por parte de los asistentes. Entre lágrimas y abrazos fuimos invitados a examinar nuestra vida y corazón, a formar parte de ese recuerdo y acercarnos a nuestros hermanos, a partir un trocito de pan como en la última cena, sumergirlo en la copa y comerlo como recuerdo del don de Dios, de su amor y su sacrificio hacia nosotros.

   Esta puesta en escena también incluyó  dos aspectos importantes, por un lado  la participación de un grupo de danzas litúrgicas conformado por los mismos estudiantes y por el otro, la reflexión por parte de las distintas dependencias que hacen vida institucional sobre temas que aquejan a la sociedad de hoy, entre estos el individualismo, la intolerancia, la injusticia, la corrupción, entre otros.

   Es aquí donde nos permitimos detenernos, pues al revivir las últimas horas de Jesús, recordamos de una manera viva sus sufrimientos, aceptamos que el verdadero dolor  de nuestro Padre Dios y de Jesús, su Hijo, está en nuestros hermanos, principalmente en los que sufren inocentemente.

   En este sentido, se hace perenne reflexionar  sobre el viacrucis, no como un hecho histórico que ocurrió en el año 33  que marcó la historia del mundo e instituyó las bases de nuestra fe cristiana, sino como un accionar vigente que se repite y revive más de 1900 años después en el día a día. ¿Cuántas veces hemos sido con nuestros hermanos como el pueblo de Jerusalén quien celebró el arribo de Jesus con ramos y palmas y luego permitió su entrega y crucifixión? Creemos  que es tiempo de pensar en nuestro prójimo, en aquel a quien alentamos a enfrentar y decir lo que piensa y a quien justamente luego damos la espalda, pensemos en  aquel que sufre en silencio porque solo conoce su desdicha, evitemos convertir nuestras familias en sanedrines que se dedican a juzgar  desde la cobardía por miedo a reconocer sus propios errores y a perder su comodidad, o como Pilato quien finalmente se lavó las manos y juzgó para no perder su cuota de poder o apariencia ante los demás. Es oportuno también pensar en el dolor de Pedro, quien se dejó arrastrar por el miedo y a pesar de acompañar desde lejos a su maestro amado durante su pasión, lo negó.

   Es hora de reflexionar sobre nuestras acciones y nuestra fe, a qué le estamos apostando, a cuántos hombres como Jesús hemos abandonado en el camino, pues sin saberlo hemos sido hombres y mujeres inconsistentes, manifestamos abiertamente nuestro amor y en los momentos de tentación o plenitud hemos soltado la mano de quien amamos. Por omisión hemos contribuido a la soledad y al vacío, hemos negado a nuestra vida la entrada de Dios, por cuanto profesamos desde nuestros labios su palabra, no obstante dentro de nosotros mismos solo se encuentra “el vacío y la nada”, por ello dolorosamente se nos imposibilita  proporcionar lo que no poseemos.

   Sin duda, hay instantes en el que todos tenemos nuestro propio viacrucis o somos testigos del viacrucis de otros. Nos llegó el momento de ser como El Cirineo, quien a pesar de afirmar que no era asunto suyo, ayudó a cargar la cruz de nuestro Señor y logró ver con profunda piedad su dolor. Asumamos entonces con valor nuestros errores, miedos y vacilaciones, vamos a darnos la oportunidad de reconocer el rostro de Jesús en cada uno de los necesitados que conviven con nosotros a diario, permitamos al Señor no solo cargar con nuestras angustias, sino llenarnos del gozo de su amor infinito y misericordioso, solo así podremos ser un amasijo nuevo y ofrecer a nuestros hermanos lo que en verdad poseemos en nuestros corazones.

Mayerling Zambrano y Anyomar Velazco
Miembros de Escuela de Padres

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