Colegio San Agustín – El Paraíso

Frases de San Agustín
No hay razón más fuerte para el nacimiento del amor o para su crecimiento que el saberse amado antes incluso de comenzar a amar, o esperar ser ornado cuando uno ya ama, o el tener pruebas concretas que el amor es compartido (De cat. rud. 4, 7).
¿Por qué tienen tanto los ricos? Porque su ambición no tiene límites. Cuanto más tienen, más quieren. Y cuanto más quieren, más hambrean, y por tanto, más sufren. ¿Quién es, pues, el verdadero rico? El que nada necesita (Serm. 127, 9).
Con relativa frecuencia la ignorancia se enmascara so capa de simplicidad (Conf. 2, 6).
Si el llanto es testimonio de miseria, todo niño, al nacer, es un profeta. ¿Cómo profetiza? Llorando. Y ¿qué profetiza? Su propio destino: los problemas que se le avecinan y las pruebas que le aguardan (Serm. 147, 1, 1).
Aunque huyas del campo a la ciudad, o de la calle a tu casa..., tu conciencia va siempre contigo. De tu habitación sólo puedes huir a tu corazón. Pero ¿a dónde podrás huir de ti mismo? (In ps. 45, 3).
Con frecuencia la juventud es más lerda en vanidad cuanto más crecida en años (Conf. 7, 1).
Ama, y haz lo que quieras (In epist. Joan. 7, 8).
¿Qué es lo que andas buscando en tu ambición? Si Dios no te basta, ¿con qué podrás contentarte? Serm, 105, 3, 4).
Dios se nos hace nuevo cuando volvemos a Él. Nosotros nos hicimos viejos al apartarnos de Él (In ps. 39, 4).
Si quieres que Dios te escuche, escúchale tú primero (Serm. 17, 4, 4).
¿Quieres tener a Dios de tu parte? Es muy sencillo: ponte tú de parte de Dios (In ps. 39, 27).
Si quieres seguir a Dios, déjale ir delante. No trates de que Él te siga (In ps. 124, 9).
Es un error el pensar que lo que no nos agrada tampoco agrada a Dios (De Gen, con, manich. 2, 16, 24).
Deja que Dios te agrade como es, no como tú quisieras que fuera (Serm. 9, 8, 9).
El buen siervo de Dios es el que se preocupa menor de oír lo que quiere que de querer lo que de Dios oyere (Conf. 10, 26).
Dios está en todas partes. Por tanto, si tú no quieres apartarte de Él, Él no podrá apartarse de ti (In Joan. 34, 6).
Estáte seguro: Dios no te abandona a no ser que tú le abandones primero (In ps. 145, 9).
Sólo serás del agrado de Dios cuando Dios sea de tu agrado (In ps. 32, 1, 1).
Señor; muera yo para que no muera, pero que vea vuestro rostro (Conf. 1, 5).
Señor, que yo te conozca a Ti que me conoces. Que yo te conozca como soy conocido por Ti (Conf. 10, .1).
Oh Dios, que eres siempre el mismo: conózcame a mí, conózcate a Ti (Solil. 2, 1, 1).
Dios no se hace más grande por el conocimiento de quienes lo encuentran, sino que quienes le encuentran se hacen más grandes por su conocimiento de Dios (Serm. 117, 2, 3).
Parece un juego de palabras y, sin embargo, es una verdad como un templo: este mundo no sería conocido si no existiera, pero no existiría si no fuera conocido por Dios (De civ. Dei 11, 10, 3).
Dios, a quien olvidar es perecer, a quien buscar es vivir, a quien ver es poseer. Dios, a quien la fe nos urge, la esperanza nos acerca y la caridad nos une (Solil. 1, 1, 3).
Dios, de quien separarse es morir, a quien retornar es resucitar, con quien habitar es vivir. Dios, de quien huir es caer, a quien volver es levantarse, en quien apoyarse es estar seguro (Solil. 1, 1, 3).
Ama y haz lo que quieras (In Epist. Joan. 7, 8)
La envidia es la polilla del alma. Todo lo roe y lo reduce a polvo (Serm. 85, 3).
Tener necesidad es tener "el no tener" (De beata vita 4, 29).
No hay riqueza más peligrosa que una pobreza presuntuosa (Epist. 31, 6).
El rico llena la bolsa de monedas y el alma de preocupaciones (Serm. 60, 2).
Es más fácil simular las virtudes que poseerlas. Por eso el mundo está lleno de farsantes (De mor. Eccl. cath. 1, 12).
No es satisfactorio ni resulta fácil el reírse a solas. Por eso los hombres, al hacer el mal, buscan compañía (Conf. 2, 9).
Lo que peor acepta un tramposo es que le hagan a él las mismas trampas que él hace a los demás. No hay cosa que más reprenda en los otros, cuando los descubre, ni que menos admita en él mismo, cuando es descubierto (Conf. 1, 20).
Decir la verdad no es difícil. Disimular la mentira no es fácil (In ps. 139, 13).
El oficio de actuario es de los más útiles. Las actas que levantan no sólo sirven para que los malos no mientan, sino también para que los buenos no se olviden (De rebus gestis cum Pel. 16, 39).

El movimiento se demuestra andando (De ord. 2, 6, 18).

La comunión en los mismos ideales hace de una multitud un pueblo. Y la clase de ideales que persigue hace a un pueblo bueno o malo. Naturalmente, estoy hablando de una multitud de seres inteligentes, no de un atajo de irresponsables (De civ. Dei 19, 24).
La comunión en la misma naturaleza hace de todos los hombres uno sólo. La diversidad de intereses, hace de cada hombre un reyezuelo. En consecuencia, los hombres viven en una situación crónica de guerra civil: hermanados por la naturaleza, pero divididos por los intereses (De civ. Dei 18, 2).
Hay personas que, tan pronto se despiertan, ya están dispuestas para armar camorra. Y, si no encuentran la oportunidad, prefieren volverse a la cama (In epist. ad Gal. 56).
Nada inclina tanto a la misericordia como el reconocimiento del propio peligro (In epist. ad Gal. 56).
La necesidad es la madre de todas nuestras empresas (In ps. 83, 8).
Todo hombre malo o vive para corregirse de su propia maldad o para ejercitar la bondad ajena (In ps. 54, 4).
No consiste la felicidad en tener hijos, sino en tenerlos buenos (In ps. 127, 15).
La verdadera justicia consiste en amar a cada cosa según se merece. Más a las más valiosas y menos a las menos (De ver. rel. 48, 93).
La avaricia es una ratonera. Su cebo es el lucro. Atraídos por él, los hombres caen en el lazo (Serm. 57, 9).
El que entrega a su hija para regodeo carnal de otro no se hace suegro suyo, sino su alcahuete (Serm. 51, 22).
No se halla en vano la lengua bañada en la saliva. Por eso resbala tan fácilmente (In ps. 38, 3).
Muchos, al tratar de examinar su conciencia, obran con dolo. Buscan su iniquidad, pero sin ánimo de odiarla. Lógicamente, al darse de bruces con ella, intentan defenderla (In ps. 35, 3).
No lo olvides jamás: eres hombre, y vives entre hombres (Epist. 78, 8).
La lengua de los hombres es una fragua cotidiana (Conf. 10, 37).
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