“Levantémonos volviendo sobre nosotros mismos como el hijo menor del Evangelio, a fin de volver a Él, de quien nos habíamos apartado por el pecado”
San Agustín (CD 11,28).

Bajo el título “EDUCACIÓN DE CALIDAD Y EN VALORES PARA EL CRECIMIENTO PERSONAL Y LA TRANSFORMACIÓN SOCIAL”, producto del esfuerzo mancomunado, el Proyecto Educativo del Colegio tendrá, sin duda, un impacto positivo en el desarrollo de nuestros quehaceres docentes, puesto que fija el sello propio de nuestra institución. Se trata de un documento sustancial para, desde un marco de responsabilidad compartida, planificar una enseñanza que dé respuesta a las demandas de la sociedad actual, esto es, a la formación de ciudadanos competentes, en sintonía con las corrientes educativas internacionales.

El Proyecto Educativo del Colegio San Agustín, se hace cargo de los cambios experimentados por la sociedad venezolana, la creciente inserción del país en el mundo, los avances científicos y tecnológicos, la globalización del conocimiento, el desarrollo de nuevas formas de comunicación, los modernos enfoques en materia educacional y docente, así como el impacto que todos estos factores han tenido en el sistema educativo nacional, en general, y en nuestro Colegio, en particular.

El Proyecto Educativo es la respuesta del Colegio San Agustín a estos desafíos y constituye una guía para avanzar en la línea de desarrollar una formación cuyo centro sean la excelencia académica, la competencia y la sana convivencia; una educación que contribuya al país con niños y jóvenes autónomos, responsables socialmente, con una sólida formación en valores, orientados por la eficiencia y la eficacia en sus labores, y poseedores de un saber conceptual sobresaliente.

Esfuerzo, saberes, dedicación y trabajo colaborativo de todos -docentes, alumnos, padres de familia- están reflejados en el Proyecto Educativo del Colegio, que imprime su sello característico a la vida institucional, convirtiéndose en uno de los pilares indispensables para que nuestro Colegio siga desarrollándose, creciendo y consolidando su sitial dentro de las Instituciones Educativas de avanzada en nuestro país. Como tal, constituye una invitación y una guía para ser cada día mejores, para hacer de nuestro Colegio una Escuela de todos y para todos… porque Escuela Somos Todos.

La historia de la educación está indisolublemente unida a la historia de las sociedades, puesto que la finalidad de la enseñanza está condicionada por lo que en cada época se considera deseable respecto a la formación de las nuevas generaciones, de modo que los jóvenes alcancen un desarrollo personal que les permita ocupar un lugar en la sociedad y promover el progreso colectivo. De igual modo, la consideración sobre los fines de la enseñanza condiciona los enfoques didácticos y, por supuesto, el desempeño profesional de la función docente.

En la actualidad nos encontramos en un contexto sociohistórico en el que prima la incertidumbre, en el que los cambios en todas las esferas de la vida se producen de un modo acelerado y en el que cobran importancia modos de comunicación desconocidos hasta hace unas décadas.

La estabilidad en las formas de vida en el conocimiento, en los valores y en los modelos de comportamiento ha dado paso a un dinamismo vertiginoso en el que existen graves desequilibrios socioeconómicos en nuestro país, polarización política, deterioro institucional; un dinamismo que supone una generación ingente de información en todas las esferas de la vida: científica, tecnológica, humanística y social.

Por otro lado, cada día surgen nuevos conocimientos que requieren nuevas alfabetizaciones, que traen consigo nuevas formas de relación social, nuevas estructuras organizativas, nuevos entornos laborales y demandas profesionales y, en definitiva, nuevas necesidades y exigencias para los individuos y la sociedad.

En este sentido, nos encontramos en un periodo de inflexión respecto a la práctica educativa. Hoy más que nunca, ésta debe ser compartida entre el docente y el resto de la comunidad educativa, adecuada al contexto social cambiante del siglo XXI, adaptada a las necesidades concretas del grupo de alumnos y alumnas, y favorecedora de oportunidades de aprendizaje para todos ellos. El Proyecto Educativo del Colegio se constituye en nexo entre las necesidades sociales y la práctica educativa.

Una escuela que pretenda formar ciudadanos y ciudadanas en estos días no puede dar la espalda a esta realidad, sino que debe adaptarse a sus exigencias y dar respuesta a dos grandes retos: por una parte, el desarrollo de personas autónomas que sean capaces de gestionar su aprendizaje y su experiencia vital con perspectiva crítica y, por otro, la consolidación de valores y relaciones democráticos en los grupos, respetuosos con la diversidad, que favorezcan la necesaria cohesión social.

En respuesta a estos desafíos surge, en el ámbito internacional, una nueva visión de la educación basada en enfoques educativos dirigidos a desarrollar en el alumnado competencias necesarias para su evolución personal, su inclusión y participación en la sociedad, alejados de una simple transmisión de conocimientos. Desde esta perspectiva, la actual institución escolar no puede ni debe, por sí sola, atender y dar respuesta a las complejas necesidades y demandas cambiantes que los grupos y las personas individualmente plantean.

Se hace necesario coordinar pautas claras y consensuadas entre la familia y la escuela, sumando fuerzas para educar en la dirección correcta. El contacto fluido y la acción en una misma dirección son factores que posibilitan el proceso educativo y la construcción de la personalidad propia del alumnado. Se trata, pues, de apostar por una concepción de la educación como una tarea de todos, en la que, junto a los profesionales de la enseñanza, la tarea de educar, desde una perspectiva amplia, implique a agentes sociales muy diversos, especialmente, a las familias de nuestra comunidad educativa. Esta corresponsabilidad exige una cooperación reforzada y reconstruida día a día.

Por todo ello, un servicio educativo moderno debe buscar la complementariedad de los diferentes sistemas y agentes para ofrecer una educación integral, académica y humana a niños y jóvenes. Es necesario que la educación formal siga siendo el núcleo de los aprendizajes, al tiempo que sale al encuentro de otras iniciativas que la complementen -la educación no formal y la informal (experiencial y vivencial)-, ya que sabemos con certeza que los aprendizajes y el desarrollo de las competencias de los niños y jóvenes no dependen, exclusivamente, del aula o incluso del Colegio donde se encuentren, sino también del entorno en el que se desarrollan. El saber ya no reside únicamente en las instituciones educativas, sino que cambia, se genera en innumerables contextos y el acceso al mismo, es posible desde múltiples medios, entre los que las nuevas tecnologías desempeñan un papel fundamental.

Así, el Colegio tiene que abrir las puertas y las ventanas al contexto, al exterior. En definitiva, hablamos de un propósito educativo compartido en un doble sentido: por un lado, el enorme aporte que la institución escolar puede hacer al desarrollo de la comunidad trascendiendo su tradicional función meramente instructiva; por otro, la contribución de esa misma comunidad, desde una perspectiva colaborativa y con una mirada amplia, a los fines de la educación.

El hecho de reconocer y avalar explícitamente la responsabilidad no sólo de la escuela sino de la sociedad en su conjunto en la función educativa, trae consigo cambios en el rol docente y en la cultura profesional. Lejos de disminuir la importancia del docente, al perder la exclusividad del conocimiento, el nuevo panorama educativo supone un fortalecimiento de su función, en la medida en que pasa de ser mero transmisor de información a convertirse en tutor/guía del conocimiento. De este modo, su papel es el de experto que acompaña a los sujetos “novatos”, ayudándoles a convertir la gran cantidad de información que nos rodea en conocimiento útil y a desarrollar competencias para comprender el mundo en que viven y para actuar en él.

En este sentido, el Colegio ha de tomar decisiones consensuadas sobre las diferentes opciones y posibilidades educativas que, dentro del marco legislativo, le permita adaptarse a su realidad con el fin de aunar esfuerzos, compartir criterios y coordinar actuaciones pedagógicas. El Proyecto Educativo es un instrumento esencial para reflejar esos acuerdos. No se trata de un documento nuevo, pero las adaptaciones en la concepción de la educación, la incorporación del enfoque por competencias y la importancia de trabajar explícitamente la convivencia, entre otros objetivos, implican una nueva acepción del Proyecto Educativo.

La impronta que el Colegio San Agustín pretende dejar en sus egresados deviene de lo expresado en la misión y en la visión institucional, adquiriendo un rol sustantivo y relevante el concepto de responsabilidad social. En nuestra percepción, la responsabilidad social es una forma distintiva de entender el rol de un Colegio con valores provenientes del Humanismo Cristiano y del pensamiento Agustiniano. En este contexto, el propósito que guiará las prácticas educativas es generar futuros ciudadanos que sean capaces de llevar adelante propuestas de desarrollo humano, que sean eficientes y que logren acceder a lugares claves de la sociedad para poder impulsar cambios, generar impactos positivos y conducir, con acierto, los procesos sociales y productivos.

La orientación fundamental del Proyecto Educativo se sustenta en tres pilares:

Este es un ámbito en el que el Colegio tiene un núcleo valórico propio de un Colegio de inspiración católica, el cual, dentro de un entorno pluralista, mantiene su identidad atendiendo a la diversidad de su alumnado. Estos deben tener una impronta valórica clara, basada en los principios universales del Humanismo Cristiano – Agustiniano.

Esto implica comprender que la acción educativa será efectiva en la medida que considere la generación de situaciones significativas de aprendizaje del sujeto que aprende. Lo anterior, implica transitar de una práctica docente centrada en la enseñanza de contenidos a otra centrada en poner en acción el proceso de aprendizaje del alumno.

El nuevo escenario internacional -caracterizado entre otros factores por el enorme impacto social, cultural, económico y científico de las tecnologías de la información y comunicación-, permite reconocer el fenómeno cultural de la globalización, en donde los diversos procesos y actividades humanas se desarrollan con gran rapidez y se reproducen multilocalmente. En este sentido, se requiere un alumno capaz de trabajar con otros y desarrollando una comunicación eficiente en la propia lengua y en otros idiomas, a través de distintos canales comunicativos. Nuestros alumnos deben dominar estas herramientas del conocimiento, adquiriendo la capacidad de desarrollarse dentro de la globalización, sin abandonar nuestra cultura e identidad.

Estos tres pilares dan origen a un conjunto de competencias que el Colegio pretende desarrollar y potenciar en sus alumnos, para lo cual, opta por un enfoque formador basado en competencias, estructurando el currículo de tal manera que, apunte al desarrollo integral de dichas competencias, apoyándose decididamente, en el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

1. Identidad Institucional

El mundo globalizado ha implicado una serie de transformaciones a nivel social, económico, cultural y educativo, influyendo decisivamente en la integración de las sociedades. El Colegio San Agustín, con una actitud flexible ante estos cambios, consolida un Proyecto Educativo que aporta las orientaciones necesarias para contribuir a la formación de personas capaces de integrarse activamente a esta dinámica global, de tal forma que puedan hacer frente a los cambios y exigencias que se están suscitando.

Se exponen, a continuación, en forma selectiva, aquellos contenidos claves, orientadores de la Institución.

Este es un ámbito en el que el Colegio tiene un núcleo valórico propio de un Colegio de inspiración católica, el cual, dentro de un entorno pluralista, mantiene su identidad atendiendo a la diversidad de su alumnado. Estos deben tener una impronta valórica clara, basada en los principios universales del Humanismo Cristiano – Agustiniano.

Esto implica comprender que la acción educativa será efectiva en la medida que considere la generación de situaciones significativas de aprendizaje del sujeto que aprende. Lo anterior, implica transitar de una práctica docente centrada en la enseñanza de contenidos a otra centrada en poner en acción el proceso de aprendizaje del alumno.

El nuevo escenario internacional -caracterizado entre otros factores por el enorme impacto social, cultural, económico y científico de las tecnologías de la información y comunicación-, permite reconocer el fenómeno cultural de la globalización, en donde los diversos procesos y actividades humanas se desarrollan con gran rapidez y se reproducen multilocalmente. En este sentido, se requiere un alumno capaz de trabajar con otros y desarrollando una comunicación eficiente en la propia lengua y en otros idiomas, a través de distintos canales comunicativos. Nuestros alumnos deben dominar estas herramientas del conocimiento, adquiriendo la capacidad de desarrollarse dentro de la globalización, sin abandonar nuestra cultura e identidad.

Asistimos a un desafío global urgente en la elaboración de una escala de valores que acompañe a los actuales progresos de la humanidad. Desde la tradición humanista cristiana, el Proyecto Educativo de nuestro Colegio subraya la centralidad en la concepción del ser humano como persona, derivándose de éste, los valores de Libertad, Verdad, Desarrollo Humano Sustentable y Bien Común, entre otros…

En virtud de lo anterior, el Proyecto Educativo debe ser capaz de dialogar con la cultura a partir de su catolicidad entendida como universalidad. Esto implica preocuparse por un saber que abarque la visión y la formación integral del ser humano, buscando desinteresadamente la verdad, pues todo ello constituye un servicio al hombre mismo y al verdadero progreso.

El propósito declarado en la visión, en cuanto a ser reconocido como un Colegio responsable socialmente, considera también una responsabilidad valórica, cuyas implicaciones son:

Que emerja el Colegio como una comunidad real de aprendizaje y transmisión de conocimientos, estableciendo vínculos entre docentes, alumnos y comunidad, mediante una política que promueva y practique el desarrollo de las personas.

Que forme mujeres y hombres altamente calificados, íntegros e integrales, comprometidos con valores, que conciban su formación desde una óptica solidaria, esto es, como una posibilidad de servicio a los demás.

Que se elabore un currículo transversal que asuma, con visión universal, la realidad del país en todos sus matices, ofreciendo a personas y grupos los beneficios del desarrollo humano.

Que responda originalmente al desafío de la Educación de Calidad y, a partir de ella, eduque para la ciudadanía y la participación activa en la sociedad.

El Colegio San Agustín, es una Comunidad Educativa orgánica, fundada, inspirada y regida en sus supremas instancias por la Orden de San Agustín en Venezuela, sostenida por la sociedad venezolana, al servicio del desarrollo del hombre y todos los hombres y mujeres de nuestro pueblo.

Educar a la persona es alimentar y cultivar su triple raíz: mente, corazón y comunidad. De ahí surge una síntesis de valores humanos – cristianos – agustinos:

  • por la Interioridad a la Verdad
  • por la Verdad a la Amistad / amor
  • por el Amistad / amor a la Libertad
  • por la Libertad a la Solidaridad / Responsabilidad
  • por la Responsabilidad / Solidaridad a la Comunidad
  • por la Comunidad a la Transcendencia

La axiología agustiniana apuesta, además, por un proyecto de persona cuyos valores se pueden relacionar con los pilares de la Educación señalados por la UNESCO: Educar en la Interioridad, la Verdad y la Libertad, para Aprender a Hacer, a Conocer y a Ser; Educar en la Amistad, la Comunidad, la Justicia, la Solidaridad, la Responsabilidad y la Transcendencia para Aprender a Compartir y Vivir con los demás.

Los principales valores que el Colegio ha definido como base para orientar su trabajo educativo, se sustentan en la dignidad e igualdad de la persona humana como unidad indisoluble, ser original, irrepetible e instalado en la diversidad. Desde esta centralidad en la concepción del ser humano, se derivan y deben comprenderse los siguientes valores que la Institución promueve:

“No quieras dispersarte fuera, entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior habita la verdad; y si encuentras que tu naturaleza es mudable, trasciéndete a ti mismo” (San Agustín, De vera rel. 39, 72). Saber cultivar la interioridad implica entrar dentro de uno mismo, en inquieta búsqueda de la Verdad para llegar a la trascendencia. Ante el reto de la dispersión, se entiende la interioridad como una actitud fundamental en virtud de la cual se opta por las capacidades y valores que tienden al mundo interior de la persona. Se expresa a través del silencio, la reflexión y el recogimiento. La Interioridad, actitud fundamental en la que se opta por las capacidades del mundo interior de la persona, en un contexto marcado por la superficialidad y la dispersión.

“La verdad no es mía ni tuya, para que pueda ser tuya y mía” (San Agustín, In ps. 103,2, 11). “Es en el silencio del corazón donde se oye con dulzura y suavidad la voz de la verdad” (San Agustín, In. ps. 41, 9). Ante del reto del relativismo, la razón y la fe posibilitan encontrar en el interior del hombre la Verdad que le dignifica como imagen de Dios. La Verdad se expresa a través de la autenticidad, la honestidad, la humildad y la sinceridad. Hallar la Verdad, en medio del relativismo, dignifica al ser humano como Imagen de Dios.

La búsqueda de la Verdad es el concepto central del quehacer académico, el fin último de la generación, transmisión y difusión del conocimiento. Debiera, dada las circunstancias culturales actuales, considerarse que, en la indagación de la Verdad, ésta se construye a partir de los aportes de las distintas disciplinas (interdisciplinariedad) y con un referente «ético» para lograr la concreción o aplicación de las verdades científicas y tecnológicas sin poner en riesgo la «persona en su dignidad».

 

No se puede ser buen amigo de los hombres si no se es, primero, buen amigo de la verdad” (San Agustín, Epist. 155, 11). “Ama, y haz lo que quieras” (San Agustín, In epist. Joan 7, 8). “Amar y ser amado es la cosa más importante para mí” (San Agustín, Conf, III, 1, 1). Querer el bien para el otro de forma desinteresada, siendo ese el distintivo y el motor del ser humano. Ante el reto de la superficialidad, la amistad significa un vínculo que une a las personas en mutua simpatía, cuyo ideal es llegar a tener todo en común, y dedicarse juntos a la búsqueda de Dios con una sola alma y un solo corazón. Se expresa a través de la fidelidad, el servicio, la confianza, la confidencia y la entrega. La amistad busca ser uno con el prójimo hasta llegar a tener una sola alma y un solo corazón dirigidos hacia Dios. Se expresa en la confianza, la confidencia, la fidelidad y la entrega.

“La verdadera libertad no consiste en hacer lo que nos da la gana, sino en hacer lo que debemos porque nos da la gana” (San Agustín, Serm. 344, 4). “La auténtica libertad no es vivir como esclavos bajo el peso de la ley, sino como hijos liberados por la gracia” (San Agustín, Regla, VIII, 47). Ante el reto del consumismo, la libertad es la capacidad de vivir despojados de todo aquello que no permite el desarrollo de la dignidad de la persona. Ser libre implica tomar opciones y actitudes con los que se ama a Dios y a los hermanos. La libertad consiste en no vivir esclavos de nada ni nadie, ni de nosotros mismos, sino ser capaces de elección en cada momento; se expresa a través de la responsabilidad, la autodeterminación y la coherencia. Ser libre es romper ataduras y dependencias, ser capaces de elegir y asumir un proyecto personal y social en cada momento.

La libertad es uno de los dones más distintivos del ser humano, como herramienta para construir su destino. Con ella, la persona es responsable de su vida y de la sociedad en que vive. Este don implica respetar la diversidad de pensamiento, de opinión, de expresión y de conciencia. La libertad verdadera, según San Agustín, consiste en vivir liberado de todas las esclavitudes, esto es, de los vicios, defectos y malas acciones, y en capacidad para hacer el bien con facilidad. Es decir, amar a Dios y a los hermanos. La libertad se manifiesta cuando se procede con rectitud, cuando no se está atado a nada ni a nadie, siendo la responsabilidad una condición necesaria para la auténtica libertad.

En sentido práctico es escoger la respuesta correcta; hacer de la mejor manera lo que corresponde con efectividad, calidad y compromiso y sin perder de vista el beneficio colectivo o responsabilidad social. Implica asumir la consecuencia social de los actos y responder por las decisiones que tomen los grupos de los que se forma parte. Es ser diligentes y solidarios con aquellos que nos han sido encomendados porque precisan de nuestra ayuda. La responsabilidad genera confianza y tranquilidad; por ende, requiere de criterio, prudencia, serenidad y sensatez. La Responsabilidad social exige, como valor, la sustentabilidad, concepto relevante en las actuales sociedades avanzadas, que considera elementos ecológicos, económicos sociales, culturales y éticos. Este valor está orientado a la no destrucción de la diversidad, la complejidad y el funcionamiento del sistema que sostiene la vida, posibilitando el desarrollo permanente de las personas.

Es la culminación de la sociabilidad humana, orientada a hacer el bien al prójimo. Para ello, se requiere que la convivencia humana reconozca los aportes diversos en la comunidad, ejercite el diálogo, profundice el sentido de pertenencia y el carácter sociable del ser humano. Vivir unidos a otras personas y grupos humanos compartiendo sus intereses y necesidades, compensando las limitaciones y fomentando la práctica de la justicia y la colaboración. La solidaridad permite reconocer a cada quien su dignidad y su valor intrínseco como persona. La solidaridad parte de la premisa: “mi desarrollo como persona no es posible sin la presencia, el apoyo, el afecto y la ayuda a los demás”. El pluralismo y la aceptación, como superación de la tolerancia, son las bases imprescindibles para que surja la solidaridad sobre la base del respeto.

“Cuanto con mayor ardor prefieres el bien común a los propios intereses, tanto más seguro puedes estar de haber adelantado en la virtud” (San Agustín, Regla VI). “Anteponer las cosas comunes a las propias y no las propias a las comunes” (San Agustín, Regla, V, 30). La Comunidad es un valor esencial a la pedagogía agustiniana; ante el reto del individualismo, la comunidad es la vivencia de una actitud opuesta al egoísmo. Se expresa a través del diálogo, la aceptación, la acogida, el compartir, la comunión, la solidaridad, la sencillez y la unión de corazones en Dios. En el reino de la individualidad mostrar una actitud que busque aunar, que lo común prime sobre lo propio. Se expresa en el diálogo, la comunicación, la aceptación, la acogida, el compartir

El Bien Común es un concepto elemental para comprender la dimensión política de la igualdad de oportunidades; es decir, cómo el entorno permite desarrollar las capacidades de las personas y grupos, buscando la eliminación de los distintos obstáculos para ello. Querer el bien para el otro de forma desinteresada, siendo el distintivo y el motor de la vida del ser humano.

La Transcendencia: Educar para la transcendencia es viajar desde la corteza al fondo, apostar por la profundidad, cultivar una visión profunda del mundo, de sí mismo y de la historia. No nos conformamos con ofrecer al alumno una visión superficial y panorámica. Deseamos que vaya al fondo, que sienta la inquietud de penetrar en la esencia de las cosas y, en particular, en el fondo de sí mismo.

1.- Trascender el yo y el nosotros: Trascender es abrirse al tú y a los demás. Este movimiento es connatural a la persona, que se constituye y enriquece al salir del recinto de su conciencia y abrirse a los otros. La trascendencia invita a superar la tendencia a pensar en uno mismo, a calcular los propios intereses. Significa superar la tendencia individualista y egocéntrica de la persona inmadura y adentrarse en el mundo de los otros. Es un acto de crecimiento.

2.- Trascender el presente: Somos seres históricos, venimos de un pasado y anhelamos un futuro. Educar a una persona consiste también, en hacerle tomar conciencia de su naturaleza histórica. Trascender significa abrirse a la perspectiva de futuro, ir más allá del ahora y el aquí y anticipar lo que puede llegar a ser. También significa recordar, mirar hacia atrás, para valorar lo que hemos hecho y recordar las lecciones aprendidas. Educar el sentido de trascendencia es ayudar a tomar conciencia al educando del pasado del que procede, de la historia colectiva a la que pertenece; pero, a la vez, consiste en hacerle tomar conciencia de que el futuro no está escrito, sino que depende, en gran parte, de él.

3.- Trascender los valores materiales: En contextos intensa y extensamente marcados por el materialismo y por el consumismo, hay que reivindicar los valores espirituales que abren a la persona un universo completamente nuevo. Los valores son horizontes de referencias, que podemos, gradualmente, conocer y amar, podemos proponernos como hitos de nuestro propio itinerario. Trascender los valores materiales no significa olvidarse del valor que tienen las cosas, los objetos, el cuerpo, el dinero. Significa descubrir que, más allá de todo este orden de cosas, hay otra constelación que también podemos cultivar y amar. Valores como el silencio, la meditación, la conversación no son valores materiales, pero son esenciales para el equilibrio emocional y mental de la persona.

4.- Trascender la banalidad: Trascender es ir a fondo, explorar el núcleo de las cosas, no quedarse en la periferia, en la corteza de los problemas. Hay una tendencia a quedarse en la anécdota, en la mirada simple que no penetra en la profundidad de las cosas. La cultura audiovisual de masas es un ejemplo paradigmático de cómo se extiende vertiginosamente la banalidad en todos los sectores. La cultura de masas está directamente enfrentada con todo lo que signifique pensar, profundizar, reflexionar. Trascender la banalidad es una condición para cualquier experiencia religiosa. Sólo quien va al fondo, experimenta el encuentro con el Tú infinito de Dios.

El Colegio y la Familia son expertos en humanidad, experiencia que acentúa la necesidad de general una cultura basada en valores como el respeto, la honestidad, la justicia, el sentido de pertenencia, la paz y la sustentabilidad. La invitación a la reflexión compartida en torno a estos valores se enmarca en las siguientes pautas:

Es tratar humanamente a las personas, reconocer que el otro es real y semejante, pero a la vez, diferente. Respetar es ponerse en lugar del otro para comprenderlo. El respeto excluye el maltrato, la discriminación, la agresión, la humillación, la indiferencia y el desconocimiento de cualquier persona. El respeto además de solidaridad, implica honrar la vida y la dignidad humana.

Hace referencia a la persona siempre íntegra y recta, alguien que cumple con sus deberes sin fraudes, engaños y trampas; ser probo es ser transparente, auténtico y de buena fe. Ser honesto es una forma de sembrar confianza en uno mismo y en aquellos con quienes estamos en contacto. Cuando alguien es honesto, no oculta nada; actúa con base en la verdad.

Es la voluntad constante y perpetua de dar a cada uno lo suyo, esto es asegurar que cada uno dé y reciba lo que le corresponde y necesita, tanto considerando al individuo en sí mismo como en sus relaciones con las demás personas, grupos o instituciones y con la comunidad entera. El Colegio asume los principios sobre los que se asienta un estado democrático, a saber: respeto a los derechos fundamentales y educación en la tolerancia y libertad.

Ha de entenderse como el sentimiento de arraigo que conlleva como respuesta el cuidado, la defensa y apropiación de todo aquello que es de la comunidad. Se complementa con el sentido y grado de identidad con el ideario y cultura institucionales.

Según la filosofía agustiniana, va más allá del simple pacifismo, alcanza al ser íntimo de la persona y se fundamenta en la honradez, en la sinceridad, en la coherencia entre lo que se piensa y se vive, en la verdad, en la libertad, en la solidaridad, en la justicia y, en definitiva, en el amor. Es decir, la paz, no es ausencia o carencia de lo negativo, sino presencia de algo positivo. La institución proyecta una acción docente y educativa inspirada en una propuesta de valores concretizados y expresados en la vivencia de actitudes y normas coherentes con los mismos. Se trata de que la Comunidad Educativa -alumnos, docentes, padres y representantes-, no sólo aprendan a pensar y a hacer, sino también a ser y compartir.

Concepto relevante en las actuales sociedades avanzadas, que considera elementos ecológicos, económicos sociales, culturales y éticos. Este valor está orientado a la no destrucción de la diversidad, la complejidad y el funcionamiento del sistema que sostiene la vida, posibilitando el desarrollo permanente de las personas, convirtiéndose en el eje transversal que permea y asegura el desarrollo integral de todos los valores.

2. Objetivos y Ejes Articuladores

Desarrollar procesos educativos de calidad, de tal manera que nuestra Comunidad Educativa, fundamentada en los valores del Evangelio, se convierta en agente dinamizador del cambio, promueva la justicia, el trabajo productivo, la participación, la solidaridad y la organización, para dar respuesta a las necesidades de la persona, a la realidad de Venezuela y a la vida de la Iglesia. Ofrecer una educación de calidad que desarrolle las competencias básicas en sus alumnos mediante el enfoque constructivista de aprendizaje significativo, que cuente con docentes motivados y capacitados, con recursos didácticos y tecnológicos, con servicios de apoyo, seguimiento a sus alumnos, para responder a las necesidades y requerimientos de una educación con pertinencia social.

Nos proponemos:

  • Formar en valores.
  • Ofrecer una enseñanza de calidad.
  • Fomentar el desarrollo moral de los alumnos.
  • Propiciar una oferta educativa con estilo pedagógico humanista.
  • Desarrollar el enfoque constructivista de aprendizaje significativo.
  • Desarrollar competencias básicas y específicas en los alumnos.
  • Privilegiar las áreas instrumentales (lengua y matemática).
  • Intensificar el estudio de una segunda lengua extranjera (inglés).
  • Suscitar la participación de todos los miembros de la comunidad educativa y la responsabilidad social corporativa.
  • Desarrollar las políticas de cobertura, inclusión, retención y pertinencia en el proceso educativo institucional.
  • Favorecer espacios para el desarrollo de destrezas, habilidades y potencialidades científicas, culturales, artísticas, deportivas, recreativas, etc.).

El diseño y la implementación de un Proyecto Educativo distintivo para el Colegio es un objetivo estratégico, que asume, tanto el análisis interno y externo de la educación venezolana como los valores fundamentales de la Institución.

 

Considerando estas premisas, el Proyecto Educativo se traduce en diversos pilares que explicitan un sello formativo distintivo, que se proyecta en el quehacer educativo para los próximos años. Estos son:

Para un mejor desarrollo de la propia personalidad y para estar en condiciones de obrar con creciente capacidad de autonomía, de juicio y de responsabilidad personal. Conlleva una cabal utilización de las posibilidades que cada persona posee: memoria, razonamiento, sentido estético, capacidades físicas, aptitudes comunicativas, etc. El alumno tiene que entender el sentido de sí mismo, entender el alcance de sus aspiraciones, de sus triunfos y de sus fracasos. Su meta fundamental es entenderse para poder entender a los demás.

La formación humana, como principio institucional, privilegia a la persona como ser integral, único e irrepetible; este concepto gobernará toda la propuesta pedagógica obligando tanto al estamento institucional, en general, como al maestro en particular, a considerar su quehacer como un compromiso que va más allá de la simple administración educativa y de la didáctica específica de lo que su dominio académico le exige.

En el Colegio San Agustín, se tiene como propósito fundamental la formación en valores, no sólo de forma teórica sino a partir de la práctica de los mismos. Se espera que todos los miembros de la Comunidad Educativa actúen con criterios claros y éticos.

 

Combinando una cultura general suficientemente amplia con la posibilidad de profundizar los conocimientos en un determinado número de materias. Supone: aprender a aprender para poder aprovechar las posibilidades que ofrece la educación a lo largo de la vida; apropiarse de herramientas de aprendizaje autónomo; y tener la certeza de que el conocimiento, además de complejo, es dinámico.

La exigencia académica, principio correspondiente a este eje, orienta el quehacer de docentes y alumnos en procura de alcanzar y mantener altos niveles de exigencia, condición indispensable para una cualificación efectiva en los resultados institucionales e individuales.

 

Desarrollando la comprensión del otro y la percepción de las formas de interdependencia (capacidad para realizar proyectos comunes y preparación para el manejo de conflictos), respetando los valores de pluralismo, comprensión mutua y paz. Parecería adecuado dar a la educación dos orientaciones complementarias: (i) el descubrimiento gradual del otro; y, (ii) la participación en proyectos comunes como método para evitar o resolver conflictos.

La interacción social implica la necesidad de realización personal en el contexto de vida en comunidad de la cual todos participamos. Con base en lo anterior, el alumno recibe la preparación conceptual y se le brindan los espacios necesarios para que vivencie los principios constitucionales de participación, democracia y pluralismo en un marco de respeto por la autoridad y el poder, la sana vivencia de las normas (leyes) y una continua búsqueda de la justicia, la paz, la equidad y el respeto por la vida.

Se relaciona más estrechamente en cómo enseñar al alumno a poner en práctica sus conocimientos, en cómo cualificarlo para su futuro profesional y, de manera fundamental, a prepararlo para un mercado de trabajo cuya evolución no es totalmente previsible. El mundo del trabajo exige de cada persona un conjunto de competencias que combinan la calificación propiamente dicha adquirida mediante la formación técnica y profesional, el comportamiento social, la aptitud para trabajar en equipo, la capacidad de iniciativa y la de asumir riesgos. Entre dichas cualidades, cobra cada vez más fuerza la capacidad de comunicarse y de trabajar con los demás, de afrontar y solucionar conflictos.

Corresponde, como principio, actuar en contexto en concordancia con un planteamiento común a las sociedades desarrolladas o en proceso de desarrollo: cómo aprender a comportarse eficazmente en una situación de incertidumbre y cómo participar en la creación de futuro.

Declaramos que «los valores son los que guían a la organización esperada. Para lograr los objetivos, es necesario mantener los valores activos en el día a día. Los principales valores que el Colegio ha definido como base para orientar su trabajo educativo se sustentan en la dignidad e igualdad de la persona humana como unidad indisoluble; ser original, irrepetible e instalado en la diversidad».

En el Colegio San Agustín se concibe la Educación en Valores como un proceso formador que instala un componente ético básico en los alumnos, concepción que responde a la decidida voluntad institucional para que esta dimensión sea un eje constitutivo de su perfil profesional. La fuente de esta formación ética está dada por su desafío de catolicidad, arraigada en su identidad agustiniana. Esto hace fundar esta dimensión en principios éticos racionales comunes a toda la humanidad, compartidos desde el humanismo cristiano, alcanzando su plenitud en la persona de Jesús de Nazaret y su mensaje.

Las ciencias de la educación actual -considerando los aportes de la psicología, la sociología y la filosofía de la educación, entre otras ciencias y bajo las más diversas tendencias educacionales-, han constatado que el fenómeno educacional se da en el sujeto que aprende. Dicha constatación significa comprender que la acción educativa será efectiva sólo en la medida que implique la generación de situaciones de aprendizaje, que pongan en acción al sujeto que aprende en relación con el medio, los contenidos y las situaciones de aprendizaje.

Por lo tanto, el Colegio se propone transitar de una práctica docente centrada en la enseñanza a otra centrada en el Aprendizaje, tránsito que está mediado por la renovación del quehacer educativo mediante la adquisición de un modelo que permita alcanzar coherentemente este objetivo.

El enfoque centrado en el aprendizaje postula que quien aprende construye su realidad de acuerdo a la percepción que tiene de las diferentes experiencias personales, de manera que, el conocimiento que se genera es una resultante de las experiencias previas, las creencias que cada persona utiliza para interpretar su entorno y las características de la información a ser aprehendida. El conocimiento, entonces, no es el resultado de una mera copia de la realidad preexistente en una suerte de espejo mental, sino que, muy por el contrario, es un proceso dinámico e interactivo a través del cual, la información externa es interpretada y re-interpretada por la mente, que va construyendo progresivamente modelos explicativos cada vez más complejos y eficaces de la realidad. En este contexto, el aprender se constituye en una búsqueda continua de significado, en una constante asimilación y adaptación de la información estructurada en esquemas mentales preexistentes; un proceso activo y permanente de construcción de conocimientos, donde la persona que aprende realiza procesos de contraste y ajuste entre la nueva información y el conocimiento previo, lo que requiere contrastar y consensuar significados con sus pares y con el entorno, pues si bien, el proceso de aprendizaje es individual y personal, este no está desvinculado del contexto social y cultural en el cual se desarrolla el alumno.

En referencia a lo anterior, se hace imprescindible que las actividades de aprendizaje que se presenten, faciliten la construcción activa de los conocimientos a partir de la propia experiencia, a través de la reflexión crítica y la búsqueda de relaciones entre la nueva información y el conocimiento previo. De esta manera, el docente se transforma en un facilitador del proceso de aprendizaje, es decir, debe utilizar estrategias de estructuración del contenido que permitan el establecimiento de relaciones potentes entre todos los conceptos y aplicación de lo conceptual a situaciones del contexto profesional, en dinámicas que contemplen la interacción y el contacto social entre los alumnos, que estimulen la autonomía, el compromiso y el sentido de pertenencia a sus grupos de trabajo. De este modo, el aula y otros ambientes de aprendizaje tales como la biblioteca, salas de estudio, plataformas virtuales y ambientes reales (en empresas o instituciones del ámbito laboral), se transforman en lugares de interacción entre los diferentes actores, donde es factible «negociar» significados, construir conocimientos y desarrollar competencias.

Ahora bien, dado que los modelos educativos no son neutros, sino que tienen implícitos horizontes valóricos, ideales de persona y de sociedad a la cual se desea tender intencionadamente, la propuesta distintiva del Proyecto Educativo del Colegio San Agustín, subraya un sello que realza la «formación integral», enfocando los esfuerzos en el desarrollo de competencias específicas y genéricas que den el sentido de excelencia y calidad a los desempeños de sus alumnos.

Para lograr la inserción exitosa en el mundo globalizado, nuestro Colegio ha asumido el desafío de cultivar en sus alumnos el desarrollo de competencias relacionadas con:

La formación para la convivencia en la diversidad cultural, considerando que el multiculturalismo nos desafía a «Aprender a Convivir». En este caso, en una sociedad compuesta por personas de distintas culturas, es decir, sociedades donde las cosmovisiones y los valores tienen distintos significados y se ordenan de manera diversa. En este caso, es necesario educar para la tolerancia, el diálogo y la convivencia basada en una ética común.

Otro de los pilares de la educación en los tiempos modernos es el «Aprender a Ser«, es decir, educar a reconocer la propia identidad al alumno y el valor de la misma al servicio de la convivencia. Una tarea relevante, en este sentido, es el conocimiento de las raíces culturales propias y de los pueblos originarios, las riquezas de la propia región, su historia y sus desafíos de futuro.

El uso fluído y comprensivo de recursos idiomáticos y de tecnologías de la información. En consecuencia, se hace indispensable el inglés en la comunicación oral y escrita para recoger la información actualizada y poder interactuar universalmente por medio de esta lengua, sea en el mundo científico, político y económico. Sin perjuicio de lo anterior, hay que tener en cuenta que la necesidad del conocimiento idiomático se extiende a otras lenguas. Además, el uso de herramientas de infoalfabetización son tan necesarias para la comunicación, que hoy se le considera tan importante como el uso de la matemática o de la lengua materna.

Los desafíos que imponen los cambios del entorno en un contexto globalizado, altamente dinámico y en permanente cambio, ha llevado a la búsqueda de enfoques educativos que logren formar de manera integral al alumno. La formación integral subraya hoy la promoción y adquisición, no sólo de conocimientos sino también de herramientas que les permitan estar en constante actualización y adaptarse activa y flexiblemente a las demandas del entorno, de tal manera que puedan consolidar un aprendizaje significativo, adecuado a las necesidades personales y sociales, y donde proyecten un sello institucional que les permita enfrentarse a la sociedad de manera responsable y solidaria.

Uno de los enfoques que muestra mayor coherencia con el modelo educativo centrado en el aprendizaje es la Formación basada en Competencias. Este enfoque facilita la vinculación entre los procesos de formación y el mundo del trabajo, por cuanto permite la flexibilidad necesaria para estar en constante mejora y afinamiento respecto de referentes tanto internos como externos. Otra de sus características radica en responder a la evaluación de la calidad de la formación, a través de procesos de acreditación o certificación centrados tanto en resultados como en procesos.

La adopción y desarrollo de un proceso de aprendizaje como el anteriormente descrito, conlleva necesariamente a establecer una lógica para el desarrollo curricular de las diversas áreas y asignaturas, de manera de acortar la brecha entre la formación básica y los requerimientos del medio universitario y del mundo del trabajo y la sociedad. De esta forma, será posible retroalimentar permanentemente el plan de estudios, el perfil de egreso y las estrategias docentes utilizadas en pos de responder a estos constantes cambios del entorno.

En este enfoque, el desarrollo de planes curriculares exige un estudio detallado de lo que ocurre, tanto al interior del Colegio como en el entorno social, individualizando fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas vinculadas con su función, es decir, los análisis que permitan comprender las reales necesidades de cambio en virtud de las demandas del sistema educativo, el sistema universitario, el mundo productivo y el mundo social, contextos próximos a nuestros alumnos. Además, el Colegio, a través de sus coordinaciones de Etapa y de Planificación y Evaluación, debe precisar el perfil de competencias de egreso considerando la mirada externa del entorno y de otras instituciones escolares similares y la mirada interna respecto a los perfiles de ingreso, los recursos con los que se cuenta y las necesidades educativas de sus alumnos.

Teniendo claro que el primer ingrediente misional se orienta a que los alumnos aprendan y aprendan bien y mejor, el segundo se asume con igual importancia: el otro propósito central del Colegio es proporcionar espacios de socialización sana, donde los niños, los adolescentes y los adultos puedan desarrollar esas habilidades que están asociadas a vocablos tales como afecto, sensibilidad, gusto estético, empatía, ternura, comprensión, convivencia, etc. Este propósito del Colegio es posible gracias a lo que llamamos el clima escolar que garantiza a cada alumno asumir un compromiso serio por ser mejor persona cada día.

El clima escolar comprende todos los contextos escolares posibles: aula de clase, patio de recreo, salón múltiple, capilla, laboratorio, biblioteca, auditorio, campo deportivo, espacios administrativos y de servicios… y se refiere tanto a la convivencia dirigida y organizada en torno a los cronogramas y programaciones explícitas de conocimiento, como a las actividades lúdicas, a las actividades artísticas y culturales, a los momentos de descanso y recreo, a las salidas pedagógicas o al campeonato deportivo.

Ese clima escolar más espontáneo es donde se producen muchos de los aprendizajes no programados tocantes a la convivencia, la violencia, la construcción de los primeros roles sociales frente al grupo, el desarrollo del niño, del adolescente y del joven, el aprendizaje social, sus resultados, el puesto (rol) que se asuma en la sociedad y la satisfacción o frustración que todo ello conlleva.

Algunos supuestos para tener en cuenta:

  • El Colegio como espacio de socialización significa siempre convivencia y aprendizaje de convivencia.
  • La convivencia no se aprende de memoria, ni con textos; se aprende conviviendo, actuando con los otros y reaccionando al actuar con los otros.
  • La convivencia se aprende cometiendo errores, participando en conflictos y aprendiendo a manejarlos de manera pacífica.
  • La socialización es un tópico más difuso y difícil de administrar que la enseñanza porque desborda las fronteras del colegio llegando hasta la casa, la calle, la urbanización, el barrio, la ciudad, el grupo de amigos, el grupo familiar, las autoridades, etc.

Frente al orden actual de cosas, resulta fundamental que el clima escolar se construya sobre la base del entendimiento, del respeto por los demás, por sus ideas, por su forma de ser, de pensar y de actuar. En relación con ese querer ser no se puede dejar a un lado una situación preocupante, a la cual hay que atender.

Actualmente, parece que no sólo en nuestro país sino en todo el mundo hay una alarmante tendencia a la agresión y al maltrato generalizado. Parece que la sociedad está cada día más neurotizada, y la tendencia a la perversión y la psicosis están en aumento.

Nos hemos estado acostumbrando al maltrato, burlas, chistes ofensivos, malas palabras, gritos, descalificaciones, etc. Debido a esta hostilidad creciente entre los seres humanos, la sociedad civilizada se ve constantemente al borde de la desintegración. Desafortunadamente, aún con todos los avances de la cultura, las pasiones irracionales son más poderosas que los intereses racionales.

De ahí la capital importancia que tienen todos los métodos, estrategias y preceptos ideales para buscar que las personas se vinculen entre sí; de implementar una cultura del buen trato que sea fortalecida desde la familia y el Colegio.

Actitudes tales como saludar, agradecer, emplear la cortesía, el trato amable, las palabras de consuelo y de aliento, el decir claramente lo que no nos parece sin acudir a la violencia verbal, son promovidas en la cultura del buen trato. Podemos concluir que la cultura del buen trato no es algo natural en nosotros, pero sí es algo muy necesario.

Señalamos cinco elementos que resultan fundamentales para aclimatar una cultura institucional del buen trato:

Entendido como la capacidad de aceptación del otro como ser individual, como ser diferente y especial, con derecho a ocupar un espacio físico, intelectual y afectivo en la vida de los demás.
Reconocer al otro es otorgarle el derecho a ser escuchado, visto y a disfrutar de garantías para su vida, su integridad y su desarrollo. Reconocer permite que la persona fortalezca su auto imagen y acreciente su autoestima. Es fundamental reconocer al otro tal como es, sin esperar la perfección que muchas veces se sueña o se idealiza.

Es una actitud que surge del interior de cada persona; construida sobre la conciencia de uno mismo, la empatía parte de la apertura hacia uno mismo; reconocer y manifestar los propios sentimientos para reconocer los sentimientos y manifestaciones de los demás. La empatía abre a la dimensión de la amistad y del acto amoroso como experiencia de sentir lo subjetivo del otro. El maestro no necesariamente es amigo, pero su vocación lo pone en la línea de quien actúa por motivaciones superiores lo que supone amor por sus alumnos.

Relación de doble vía que permite que uno y otro se vean y se reconozcan. Brinda la oportunidad del encuentro con el otro y de responder adecuadamente a sus sentimientos y preocupaciones. Permite trabajar con otro, establecer equipos, colaborar en la consecución de metas comunes, establecer lazos de afecto y amistad.

La comunicación abarca las formas y el sentido que las personas le dan a la información que reciben o quieren expresar a otros. Comunicación efectiva es aquella donde todo fluye de manera racional, objetiva y oportuna; que ayuda, colabora y aporta positivamente

Toda persona tiene acuerdos y desacuerdos. Toda persona debe tener la capacidad de resolver desacuerdos como condición para mantener un clima de buen trato. Se requiere: respeto por las diferencias, tolerancia y aceptación. Tener capacidad para “ganar” o “perder”; nadie es poseedor de la verdad plena; el otro también tiene un ancho de verdad. Transigir es importante para llegar a acuerdos y encontrar soluciones consensuadas.

Una cultura del buen trato exige cuidar los ambientes en que se producen las relaciones humanas, pero cuidar también de las relaciones que se establecen en esos ambientes. Quiere decir combinar el orden con la distensión; la disciplina (en el sentido de reglas básicas de juego) con la espontaneidad, para no caer ni en el extremo del colegio caótico, ni en el del colegio rigorista.

Se trata de crear y fomentar ambientes distensionados y tranquilos. Y eso no se logra automática ni mecánicamente… El criterio es que no se trata de una distensión pasiva, sino activa: una distensión que permita, propicie y fomente la creatividad y la iniciativa, necesarias tanto para aprender como para convivir.

Una distensión que acepte la diversidad (tanto del hiperactivo como al que no gusta la acción; al pequeño intelectual como al que prefiere las artes plásticas o las relaciones públicas). Y teniendo siempre en cuenta que se aprende tanto en la convivencia un poco más planificada del aula de clase, como en la convivencia espontánea del receso.

3. Perfiles

El proceso de formación en el Colegio San Agustín, pretende que el alumno:

  • Se valore como persona, inteligente, con una voluntad y carácter propio y poseedor de la capacidad para crecer y madurar al ritmo que le garantizan su edad y el proceso formativo del cual forma parte.
  • Se identifique con los postulados formativos contenidos en la propuesta pedagógica del colegio.
  • Sea una persona amante del estudio, la investigación y la promoción de la ciencia para sí mismo y para sus compañeros.
  • Tenga capacidad de construir y enriquecer constantemente su Proyecto Personal de Vida.
  • Que evidencie buenas costumbres y actitudes positivas (apropiación de los valores institucionales).
  • Se sienta orgulloso(a) de su colegio y lo represente dignamente, dentro y fuera de sus instalaciones.
  • Dignifique su ciudad y su patria y se comprometa positivamente con su progreso y con su historia.

3. Perfiles / 3.1. Del Alumno, protagonista

El perfil del Alumno Agustiniano se halla reflejado en multitud de textos diseminados en los escritos del Águila de Hipona. Al hablar del alumno, San Agustín insiste en la necesidad de poner en práctica este principio: “El aprendizaje debe empezar por la exploración y reconocimiento de sí mismo, y debe culminar en el descubrimiento y disfrute de la Verdad”. En consecuencia, el Alumno ideal Agustiniano:

  • Es esencialmente inquietud, insatisfacción, descontento. Él busca para encontrar y encuentra para seguir buscando. Ama para seguir amando y tener así, más sed de amor.
  • Comienza por reconocer que el principal error del ser humano es que no se conoce a sí mismo. Por eso, su primer cometido será conocerse a sí mismo, con sus cualidades y limitaciones.
  • Está abierto a los demás. Sólo es posible llegar a ser persona siendo con los demás, viviendo solidaria y comunitariamente.
  • Está abierto a la trascendencia, a Dios. ¿Deseas la felicidad? ¿Amas la verdad? ¿Quieres ser libre? ¿Buscas amar y ser amado? No buscarías el amor, la verdad, la felicidad ni la libertad si no estuvieran dentro de ti. Esos valores, dice San Agustín, son la imagen de la Presencia de Dios en el ser humano.
  • Es humilde y receptivo. Acepta sus cualidades y limitaciones: las cualidades son el reflejo de la Presencia de Dios en nosotros, las limitaciones son fruto del egoísmo. El objetivo es que crezcan las virtudes y se asuman humildemente las limitaciones. De esta forma, el alumno se fortalece con la convivencia para asumir las implicaciones de la disciplina social, estableciendo mecanismos adecuados, asertivos y sensibles de comunicación.
  • Es posibilidad, capacidad, alguien que no está hecho y tiene necesariamente que hacerse. La vida es oportunidad y escenario. Viviéndola, y nunca dejándonos vivir por ella, nos realizaremos auténtica o inauténticamente. Todo depende del orden de valores – “orden de amores”- elegido.

 

Para San Agustín, el Alumno es:

“Somos caminantes, peregrinos en tránsito. Debemos, pues, sentirnos insatisfechos con lo que somos, si queremos llegar a lo que aspiramos. Si nos complace lo que somos, dejaremos de avanzar. Si lo creemos suficiente, no volveremos a dar un paso. Sigamos, pues, marchando, yendo hacia adelante, caminando hacia la meta. No tratemos de parar en el camino o de volver la vista atrás o de desviarnos de la ruta. El que se desvía, pierde la esperanza de llegar” (Serm.169,15,18). Nunca está plenamente satisfecho con logros alcanzados; siempre aspira a la mayor perfección. La utopía es parte de su horizonte de vida y sabe que la libertad, la solidaridad, el amor, están en constante construcción y búsqueda en el entorno comunitario en que está inserto. Es permanentemente crítico del mundo que le rodea y de la historia que construye con sus decisiones, de las cuales sabe responder oportunamente porque se guía por un código ético y unos valores siempre asumidos y basados en el evangelio.

“Deja siempre un pequeño margen para la reflexión, margen para el silencio. Entra dentro de ti mismo y deja atrás el ruido y la confusión… Escucha la voz de la verdad en reflexión y en silencio para que logres entenderla” (Serm.52,19,22). Sabe analizar la realidad y posicionarse frente a ella. Sus decisiones obedecen siempre a una profunda reflexión y no se deja llevar por la emotividad del momento. Supera la mediocridad y proyecta siempre estímulos positivos para su crecimiento personal desde el cultivo de la vida interior.

“El primer paso en la búsqueda de la verdad es la humildad. El segundo, la humildad. El tercero, la humildad. Y el último, la humildad. Naturalmente, eso no significa que la humildad sea la única virtud necesaria para el hallazgo y disfrute de la verdad. Pero si las demás virtudes no van precedidas, acompañadas y seguidas por la humildad, la soberbia se abrirá paso entre ellas, y más pronto o más tarde, acabará destruyendo sus buenas intenciones” (Epist.118,3,22). Sabe aceptar y asumir su propia realidad, consciente de sus limitaciones y es respetuoso de los demás. Es consciente de la alteridad y de la diversidad humana que le rodea. Se sitúa siempre en medio de los demás, incluso, cuando ejerce el liderazgo.

“Nadie por fuerza hace el bien, aunque sea bueno lo que hace” (Conf.1,12). Sabe que la libertad y la dignidad son la esencia de la persona y busca construir su propia libertad y dignidad tanto como la de los demás, aun cuando las situaciones políticas, económicas y sociales sean adversas. Bien informado, no se deja manipular por ideas, teorías o discursos a su visión cristiana y evangélica de la realidad. Se siente socialmente responsable; por ello, busca involucrarse en las causas humanitarias y practica la justicia social.

“Cada hombre es lo que ama” (De div.quaest. 83,35). Emocionalmente equilibrado, sabe integrar las relaciones afectivas con los demás y expresarlas con serenidad.  Utiliza las capacidades y fuerzas creativas de la sexualidad para su madurez integral como persona. Sabe manejar los conflictos sin solaparlos y sin someterlos a una armonía ficticia o artificial.

“Ama a los hombres, pero combate sus errores. Enséñales la verdad, pero sin orgullo. Lucha con ellos por la verdad, pero sin resentimientos” (Cont. Lit.Pet.1,29,31). Aprende a utilizar sus propios errores, consciente de que forman parte del proceso de aprendizaje para superarse. Sirve y se relaciona positivamente con personas de distinta cultura, raza, ideología, sexo y religión. Es inclusivo. Desde su vivencia del Evangelio, sabe que no basta con ser pacífico, sino que debe ser hacedor de paz, implicándose eficazmente en los procesos socio-políticos por la dignificación de todos los seres humanos.

“La justicia, la verdadera justicia, no consiste en el igualitarismo, sino en la equidad o proporción. No en dar a todos lo mismo o en exigir de todos por igual, sino en dar a cada uno según sus talentos” (De vera rel. 48-93). Regla. Valora el orden como presupuesto para la paz, consciente de que ambos se construyen en la diversidad y la unidad, huyendo de la uniformidad, que sólo produce espíritus mediocres. Sabe que en la realidad en que vive, no todos han tenido las mismas oportunidades y por eso, escapa de toda acumulación y ostentación, evadiendo lo superfluo y alejándose de la opulencia. En medio de una sociedad cargada de violencia, manipulación y corrupción, ejerce un saludable control sobre sí mismo y sus relaciones con los demás son transparentes y sinceras.

“¿De qué sirve la señal de la cruz sobre la frente, si esa misma señal no está sobre el corazón? Dios no quiere pintores de sus signos, sino hacedores de ellos” (In ps. 50,1). Sabe ser buen amigo de sus amigos, pero es más amigo de la verdad. En sus relaciones sociales, evita los caminos tortuosos y las mediaciones inadecuadas, buscando la sencillez y la proximidad del corazón. Comparte su tiempo y su talento con los demás, sin pretensión de saberse superior, sino con la sencillez de quien se siente amigo y hermano.

“Dios no toma en consideración tus talentos, sino tu disponibilidad. Sabe que has hecho lo que has podido, aunque hayas fracasado en el intento, y contabiliza en tu favor lo que trataste de hacer y no pudiste, como si lo hubieras hecho de verdad” (Serm.18.5). Sabe mirar con inteligencia al mundo que le rodea, procurando discernir y leer adecuadamente los signos de los tiempos que le han tocado vivir. Consciente del valor del tiempo, como espacio de crecimiento personal, aprovecha el momento y generosamente se esfuerza por ayudar a quien lo necesite. Descubre cada día que la solidaridad y el compartir son las actitudes más gratificantes y humanizadoras.

“A quién no agradaría llegar a degustar la sabiduría sin tener que pasar por los sudores y sacrificios del aprendizaje? …por desgracia, esto no es posible en este mundo de mortales. Antes de llegar a la felicidad de conocer la verdad y según los cánones de la recta educación, no hay más remedio que pasar por las aperturas del estudio y del trabajo” (De cat. rud.9). Valora la herencia cultural recibida y desarrolla su capacidad de adaptación a nuevas situaciones, desde una actitud de estudio y reflexión. No elude el esfuerzo personal para prepararse bien y hacer frente a los retos, desafíos y proyectos de futuro.

“Todos somos prójimos unos de otros por la común condición de haber nacido en esta tierra y hermanos unos de otros por la común esperanza de la vida eterna” (In ps. 25,2,2). Mantiene una constante armonía con su mundo, superando toda división y polarización. Respeta la alteridad y sabiamente hace valer sus derechos y libertades sin acritud. De gran sensibilidad humana, sabe ser compasivo y comprometido con sus semejantes, especialmente, con los más necesitados.

“Nos hiciste, señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (Conf. 1,1). Orienta su vida desde la perspectiva del Evangelio y hace permanentemente una lectura actualizada y encarnada del mismo. Sabe despegarse de las cosas que pudieran disminuir o condicionar su libertad de pensamiento y acción. Es consciente de que Dios sigue acompañando y guiando la historia humana, por lo que está atento a seguir su paso y su acción en los acontecimientos de la vida cotidiana.

3. Perfiles / 3.2. Del Educador Comprometido

  • Valore sus fortalezas y cualidades y las ponga al servicio de su causa pedagógica. Que sus limitaciones sean motivo de mejoramiento.
  • Sea una persona abierta al diálogo y la escucha de lo que sugieren las autoridades escolares, sus compañeros, los padres de familia y sus alumnos.
  • Apropie para sí el ideario pedagógico institucional (enseñanza constructiva y aprendizaje significativo).
  • Respete las normas institucionales, las apropie y motive a los alumnos para que realicen procesos similares.
  • Tenga un conocimiento adecuado de sus alumnos basado en el respeto y la aceptación. 
  • Sea persona de estudio y conozca nuevas tendencias en el campo de su competencia (disciplina) y pedagogía en general.
  • Haga de su clase un escenario de participación creativa y de sintonía entre sus alumnos y la disciplina que gestiona.
  • Posea alto sentido crítico y propositivo.
  • Personalidad íntegra, empática, ética, con actitudes y valores cristianos, necesarios y vividos desde su tarea.
  • Comprometido con la realidad y con clara visión del país, de su pasado, presente y futuro.
  • Conciencia de su vocación de educador y orientador.
  • Pertenencia y vinculación a la Iglesia, que llama a participar en su misión evangelizadora desde el campo de la educación.
  • Competente en su trabajo y capaz de acompañar al alumno en el desarrollo de sus capacidades atendiendo a sus esfuerzos y logros; especialmente sensible al ritmo particular de cada uno; teniendo como criterio los valores del Evangelio.
  • Capaz de integrarse y participar de modo positivo y creativo al trabajo en equipo.
  • Apto para comprender, interpretar y transferir la cultura y los valores de los pueblos para lograr el respeto mutuo y el fortalecimiento de los vínculos de solidaridad e integración.
  • Convencido de que se necesita una actitud de apertura frente al mejoramiento profesional continuo para actualizar el proyecto de vida y lograr así, nuevas metas de calidad, plenitud, integración y libertad.

San Agustín se expresa así del Educador:

“Tenemos un solo Maestro. Y, bajo él, somos todos condiscípulos. No nos constituimos en maestros por el hecho de hablar desde una cátedra. El verdadero Maestro habla desde adentro” (Sermón 134, 1, 1). Sabe quién es el verdadero Maestro y es por eso que está permanentemente atento a la escucha de la Verdad que habita en el interior de todo hombre, acercándose a él con respeto y admiración. Actúa siempre desde una profunda y sincera reflexión interior sobre sí mismo, las cosas y Dios y no se pierde en vana palabrería, datos e información que desborda y hastía, sino en el manejo preciso de las cosas necesarias para la formación y la sabiduría. Busca no transmitir ideas como datos que vienen de fuera a llenar su supuesto vacío interior, sino que pretende suscitar ideales válidos que formen actitudes y conductas precisas frente a la vida y a un mundo, que debe manejar según el Evangelio y el seguimiento de Jesús de Nazaret.

“Por qué gustas tanto de hablar y tan poco de escuchar? Andas siempre fuera de ti y rehúsas regresar a ti. El que enseña de verdad está dentro; en cambio, cuando tú tratas de enseñar, te sales de ti mismo y andas por fuera” (Comentarios al salmo 139,15). No es vendedor de palabras, sino acicate para la vuelta a la propia interioridad y el descubrimiento de los propios valores. Propicia el clima de serenidad suficiente para permitir a cada uno de sus alumnos el crecimiento de su propia interioridad, sin la compulsión de las cosas y sus acontecimientos. Desde su propio equilibrio emocional incita y ayuda a dar a luz y expresar adecuadamente el rico mundo interior de cada uno de sus alumnos.

“La verdad no es mía, ni de aquel otro, sino de todos nosotros, llamados por Dios a la comunión y amonestados por Él a no guardar la verdad como bien privado para no vernos privados de ella. El que reivindica como privilegio personal lo que a todos pertenece y quiere gozar a solas lo que hay que gozar con los demás, es expulsado del bien común y relegado al suyo propio, es expulsado de la verdad y relegado a la mentira” (Confesiones 12,2). El Educador Agustiniano sabe que la verdad no se impone, se alcanza y se participa; que educar imponiendo es propiciar resentimiento y rebeldía, irrespetar profundamente la libertad y la persona humana y producir mediocridades. Sabe que ningún método es ni único ni mejor que otros y que hay muchos caminos, todos igualmente válidos, para alcanzar la sabiduría, la perfección y la santidad, porque en todos ellos está Dios. Es consciente que la verdad, además de ser patrimonio común, es permanentemente escalable y, por lo tanto, siempre perfectible y en proceso permanente de búsqueda por parte de todos, pues, en esto, somos todos siempre alumnos.

“Los conocimientos que se imparten son como el andamiaje que ayuda a construir el edificio de amor y de la sabiduría, edificio que durará por siempre, incluso cuando los conocimientos hayan sido olvidados” (Carta 55,21,39). Acepta de buen agrado el ejercicio de acompañamiento a sus alumnos, sin empujarlos a una formación y madurez aceleradas, ni frenar o detener su ingenio y vivacidad obligándoles a marcar su propio paso. Respeta la diversidad de cada persona, consciente que la uniformidad es profundamente deformante y que debe incrementar esa riqueza y variedad que Dios mismo ha creado y querido. Propicia el clima adecuado para que cada uno crezca sintiéndose sí mismo, sin imposición de modelos y pautas que desvirtúan la auténtica madurez y formación profesionales.

“El maestro provoca auténtica satisfacción en sus alumnos, cuando proyecta la luz de sus explicaciones sobre materias que no están claras. Pero cuando se detienen más de la cuenta en asuntos trillados, se convierte en un pesado. Hay, pues, que mantener un cierto equilibrio evitando tanto la pesadez como el desencanto” (Sobre la Doctrina Cristiana 4,10,25). El Educador Agustiniano está abierto a la marcha de la historia, en sintonía con los acontecimientos de su tiempo, insertándose en ellos para construir un mundo que sea realmente el Reino de Dios. Sabe hacer una lectura permanente de los signos de los tiempos para acompañar a sus alumnos en la búsqueda de sus propios caminos, evitando así la alienación de adecuarlos a épocas pasadas, que sólo son mejores para la cobardía de enfrentar los tiempos nuevos y los retos que nos presentan. Considera y asume que su proceso de madurez y aprendizaje nunca se cierra, y, por eso, hace de su vida una permanente inquietud de búsqueda de la Verdad.

“En todo aprendizaje somos guiados por la autoridad y por la razón. La autoridad tiene prioridad cronológica, pero en el proceso formal de la educación, la razón es lo primero” (Del Tratado del Orden 2,9). Es consciente que la autoridad y la disciplina son simples medios, y, por eso, hace de ellas el uso correcto y suficiente, al igual que de su ubicación en el universo mental y emocional de sus alumnos. Más que como sargento de cuartel, a la búsqueda de uniformidad, imposición y cumplimiento, maneja la disciplina, el orden y la autoridad desde el acompañamiento y el caminar junto a sus alumnos, como hermano y amigo que necesita imponer porque sabe compartir y aceptar. Entiende y ha aprendido, desde el Evangelio, que la autoridad es servicio y que no educan y perfeccionan las muchas normas y preceptos, sino el amor que lo supera todo

“La obligación de enseñar es consecuencia del amor a los demás. La obligación de seguir aprendiendo es consecuencia del amor a la verdad” (Cuestiones sobre Dul.2,6). El Educador Agustiniano hace de su vida un permanente aprendizaje, porque sabe que toda la vida es escuela de perfección y que el tiempo vale sólo si lo hacemos vida y santidad. Acepta de buen grado la corrección pues considera que la terquedad y seguridad no son parte de su vida y que saber enmendar es consecuencia de una gran humildad y sabiduría. Más que enseñar aprende en la interacción diaria con sus alumnos y crece con ellos en la búsqueda de Dios y la Verdad

“Es tan grande la fuerza de la simpatía de las almas y tan propicio el clima familiar que se crea, que nuestros oyentes se sienten afectados, mientras nosotros hablamos. Y nosotros nos sentimos afectados mientras ellos escuchan. Manteniéndonos unidos a ellos por los lazos del amor, lo que antes nos resultaba aburrido, por rutinario, se nos vuelve ahora novedoso y agradable” (Catequesis para Principiantes 12, 17). Sabe que su enseñanza puede quedarse en mera instrucción que deforma, si no va acompañada del complemento del amor, que “es el verdadero motivador de toda enseñanza. Más allá de los conocimientos, fórmulas y teorías, sabe que la aceptación está en función del amor y que normalmente no es aceptado por lo que enseña, sino por cómo lo enseña. No enmascara los conflictos bajo una falsa ironía o una inmadura afectividad que piensa ganar así a sus alumnos, sino desde la rectitud amorosa que sabe exigir, consciente de lo que el alumno puede dar…

“Hay que relajar la tensión y eliminar el temor que previene al alumno de expresar sus puntos de vista, creando un clima de amabilidad y comprensión. Hay que romper el hielo con palabras y exhortaciones que provoquen su confianza y den rienda suelta a su libertad… pero hay que hacerlo con finura y tacto, rezumando confianza y comprensión… no hiriendo o avergonzando al alumno” (Catequesis para Principiantes 13,19). El Educador Agustiniano sabe por experiencia, que el temor y el miedo no educan, someten y que una persona sometida pierde lo más valioso que puede poseer junto con la vida: la libertad. Desde su perspectiva evangélica de fe conoce el valor de la alegría, por eso maneja su tiempo y su relación con los demás, en la apertura gozosa y la acogida jovial. Es capaz de estimular permanentemente la creatividad y la espontaneidad, porque “sabe que son más eficaces que la coacción con temor”.

“Aunque el modo de decir las cosas tiene una importancia grande, la propia vida del maestro es el factor más decisivo a la hora de provocar la receptividad de la audiencia. Nunca faltan, en efecto, quienes justifican sus propias fallas a costa del mal ejemplo de sus maestros: Por qué no practicas – dicen interiormente – lo que predicas si es tan bueno como pregonas? Distraída así, su atención y despreciando al maestro, acaban por despreciar sus enseñanzas” (Sobre la Doctrina Cristiana 4,27,60). Sabe por experiencia que un gesto vale más que mil palabras y que el ejemplo arrastra, por eso, hace de su vida un permanente estímulo e inspiración, sin pretensión alguna de ejemplaridad. Recreando permanentemente la diversidad que Dios ha querido, busca potenciar las diferencias, a la vez que incrementar la unidad y la comunión entre todos sus alumnos, siempre desde la óptica de la justicia y la igualdad y en función de la proporción que respeta a cada persona y su entorno. Hace de su vida un permanente diálogo y de su autoridad, una amigable compañía.

Para el Colegio San Agustín resulta fundamental la promoción de bachilleres que se desempeñen con éxito en la formación superior y/o en ambientes laborales, para lo cual, será fundamental que sean capaces de:

  • Comunicarse en lengua nativa de manera eficiente.
  • Solucionar problemas de manera práctica, oportuna y eficiente mediante la aplicación de las competencias lingüísticas, matemáticas, científicas, tecnológicas y del buen manejo de la información.
  • Socializar como miembro de la sociedad, asumiendo de manera exitosa sus compromisos ciudadanos y actuando de manera autónoma con total respeto por la pluralidad y las diferencias.
  • Utilizar con propiedad el idioma inglés.

El egresado agustiniano está llamado a liderar su propio proceso de construcción personal y comunitaria, en el ambiente universitario y/o en el mundo laboral, mediante el desarrollo de las siguientes competencias:

Capacidad de poner las habilidades de pensamiento al servicio de la solución de problemas dentro de una organización, con el fin de que la memoria, la atención, la concentración, la toma de decisiones y la creatividad se integren con el conocimiento científico y produzcan proyectos, ideas, procesos y propuestas acordes a las necesidades sociales actuales.

Autoconocimiento, autodisciplina, carácter, excelencia, manejo de la autoridad y acatamiento de la misma, emociones, talentos y potencialidades, inteligencia emocional, sano comportamiento psicosocial, una capacidad asertiva y adaptación al cambio.

Capacidad de trabajar en equipo, solucionar conflictos, ejercer liderazgo, ser práctico(a) en las relaciones interpersonales e interactuar con otros(as) para obtener resultados exitosos y que permitan que a nivel particular y grupal el impacto sea positivo.

Situaciones propias de una organización o una empresa, la orientación al servicio, la capacidad de referencia y aprendizaje de las prácticas de éxito, así como la habilidad para gestionar y manejar información y recursos, que le permitan desarrollar su labor de una manera eficiente, responsable y profesional.

Capacitarse en un nivel básico para identificar y obtener oportunidades del entorno, destrezas para mercadeo y venta de productos y servicios, para establecer planes y proyectos de negocios; de igual forma, usar todas las áreas del conocimiento para hacer de ellas herramientas valiosas a la hora de desempeñar un cargo laboral o de formar y constituir una empresa.

Persona íntegra e idónea en los diversos aspectos del comportamiento, con base en los valores y principios de la ética cristiana y agustiniana, que garanticen una sana personalidad y redunden en beneficio propio y de la comunidad, a través de decisiones socialmente responsables.

Desarrollo de habilidades para un sano esparcimiento y recreación y un pleno desarrollo de sus capacidades físicas y motrices para el ejercicio de la actividad deportiva.

Una persona que comprenda el concepto de identidad, tenga carácter y promueva desde su apariencia y estética, un claro ejemplo de moral, dignidad y respeto por sí mismo y por su cuerpo, que se dignifique y proteja su integridad física, emocional, psicológica y de convivencia.

Nuestros egresados confirman que las competencias relacionadas con el ámbito laboral global en el siglo XXI son las siguientes:

  • Cognoscitivas
  • Analíticas
  • De gestión del tiempo
  • Organizativas
  • Comunicativas

Conocimiento sobre la propia área o disciplina, conocimiento multidisciplinar y capacidad para adquirir nuevos conocimientos.

Pensamiento analítico, capacidad para encontrar nuevas ideas y soluciones, predisposición para cuestionar ideas propias o ajenas y capacidad de síntesis.

Capacidad de saber usar el tiempo de forma efectiva y capacidad de saber rendir bajo presión.

Capacidad de trabajar en equipo y saber movilizar las capacidades de los demás, capacidad de coordinar actividades y saber hacer valer la propia autoridad, capacidad para negociar de forma eficaz y capacidad para emprender proyectos propios

Capacidad de hacerte entender, dominio del habla y la escritura de algún idioma extranjero, dominio de herramientas informáticas, redacción de documentos y elaboración de informes.

3. Perfiles / 3.4. Del Padre / Madre de Familia, participantes

  • Fundamenta las bases de personas adultas con autoestima, motivación y sentido de sí misma.
  • Enseña a afrontar retos, asumir responsabilidades y compromisos que orientan hacia una dimensión productiva, plena de realizaciones y proyectos e integrada en el medio social.
  • Genera múltiples oportunidades para madurar y desarrollar los recursos personales que permitirán aprovechar y superar los retos y las pruebas que depara la vida.
  • Permite el encuentro intergeneracional donde los adultos amplían su horizonte vital, formando un puente hacia el pasado y hacia el futuro.
  • Forma una importante red de apoyo personal ante dificultades surgidas fuera del ámbito familiar; igualmente, un punto de encuentro en la resolución de las tensiones y conflictos que también pueden surgir en su interior.
  • Sostiene una red de apoyo social para las diversas transiciones vitales que ha de realizar el adulto: búsqueda de pareja, trabajo, vivienda, nuevas relaciones sociales, jubilación y vejez.
  1. Responsabilidad activa en la opción por un proyecto de ser humano, según el Evangelio y nuestra identidad agustiniana.

  2. Vivencia clara de los principios y valores cristianos y agustinianos.

  3. Compromiso constante por el mejoramiento personal y del entorno.

  4. Participación activa y efectiva en los procesos pedagógicos y en los órganos colegiados.

  5. Actitud positiva y emprendedora frente al Colegio.

  6. Preocupación constante por el mejoramiento de las relaciones interpersonales.

  1. El ser humano es siempre abierto a la trascendencia.

  2. El hombre y la mujer son inquietos por naturaleza y buscadores incansables de la verdad.

  3. La interioridad es el camino que lleva a esa verdad.

  4. Por lo tanto, el ser humano vive deseoso del encuentro con Dios y sus semejantes.

  5. Este deseo lo mantiene en un proceso permanente de conversión.

  6. El amor, la amistad y la solidaridad hacen del ser humano agustiniano un ser personal y comunitario.

  7. La participación en la valiosa tarea de construir la sociedad y el estado, principalmente, a través de sus procesos pedagógico-formativos, haciendo de la familia un lugar privilegiado para promover y fomentar el desarrollo integral de la persona y de convivencia fraterna.

Para ello, la Familia Agustiniana se compromete a:

  1. Brindar educación eminentemente pedagógica y formativa para crear un ambiente que favorezca la vivencia sana y digna de los alumnos y el testimonio de los valores, los principios y la moral, así como la doctrina agustiniana.

  2. Practicar el respeto y la dignificación de las personas, la solidaridad y los valores y estima hacia todos y cada uno de los miembros que conforman la institución educativa, como muestra de la moral y la fe católica.

  3. Valorar y respetar los principios y condición étnica, moral, religiosa y social que son propios de todo ser humano y que promueve la institución educativa para la formación integral de los educandos.

  4. Promover la cooperación y participación de los padres de familia, primeros y principales educadores de sus hijos, para integrar, acompañar y complementar la misión educativo – formativa del hogar como muestra de su compromiso educativo.

  5. Hacer posible la convivencia escolar, respetando y haciendo respetar el Acuerdos de Convivencia Escolar y Comunitaria, que ordena la vida interna en el Colegio.

La familia agustiniana, privilegiado grupo de interés para el Colegio, debe sentirse implicada eficazmente en los ámbitos familiares, escolares y comunitarios. Tres contextos en los que la familia está convocada a desarrollar múltiples colaboraciones necesarias para alcanzar el éxito en la escuela: paternidad – maternidad responsable, comunicación asertiva, voluntariado familiar, aprendizaje en casa, tomar decisiones compartidas y colaborar con la comunidad escolar.

  1. La confianza es el elemento crítico de la relación familia-escuela. La estrategia educativa familia – escuela, imprescindible para conseguir un clima de colaboración eficaz orientado al progreso y el éxito de todos los alumnos, exige comunicación, diálogo y trabajo colaborativo.

  2. Ese trabajo colaborativo debe centrarse en tres procesos claves:

    • Crianza de los hijos (incluye actitudes, valores y prácticas, estilos parentales, tipo de control y relación con los adolescentes).
    • Relaciones hogar – escuela (incluyen comunicación con el docente, participar en eventos del colegio, en la escuela de padres, en proyectos de voluntariado y en grupos de decisión).
    • Responsabilidad ante los resultados del aprendizaje o ante aquellas actividades del hogar y de la comunidad que promueven el crecimiento social y académico; hacer seguimiento al progreso académico de los alumnos permite tener razonables expectativas de éxito.

El Colegio debe tener unas condiciones y características para promover el modelo de persona anteriormente señalado. Lo que implica que debe:

  • Estar orientado en la línea de una efectiva democratización, abierto a todos los sectores sociales y con estructuras organizativas adecuadas.
  • Cuidar la calidad de los contenidos y la pertinencia de los métodos educativos, así como el desarrollo de valores, actitudes y conductas cónsonas con el Proyecto Educativo explicitado.
  • Fomentar un ambiente de libertad, en donde sea posible la creatividad, la investigación y la búsqueda de nuevos y más eficaces caminos educativos.
  • Funcionar como Comunidad Educativa, integrando en sus diversos niveles de gestión, a todos y cada uno de los agentes que la constituyen.
  • Integrarse en la comunidad local, a fin de “estimular la comunidad civil en todos sus sectores para lo cual, es necesario instaurar un diálogo franco y receptivo, a fin de que asuma sus responsabilidades educativas y logre transformarse, junto con sus instituciones y recursos, en una auténtica ciudad educativa”.
  • Insertarse en la Iglesia local y facilitar la integración de las familias a la misma, potenciando la vivencia de la fe y la práctica de la solidaridad.
  • Asumir sin temores el riesgo de anticipar el futuro y abrirse a experiencias educativas innovadoras.
  • Promover, apoyar y participar en la formación permanente.

La valoración personal y la conciencia de lo que se es, sólo es posible en la medida en que cada alumno, ya sea niño/a o adolescente, se vaya conociendo y aceptando; de esta forma, va creciendo en personalidad y en niveles de autovaloración o autoestima. El carácter mixto (coeducativo) de la institución contribuye en dicho proceso bajo los siguientes puntos de vista:

Es parte importante del proceso pedagógico institucional, particularmente en lo que hace referencia a las relaciones entre personas y sus implicaciones en el proceso de formación y crecimiento individual y grupal.

Que cada alumno al saberse hombre o mujer actúe, sienta, piense y viva como tal de acuerdo con las pautas y variables culturales propias de nuestra época y contexto social, sin menoscabo de las tradiciones que se juzgue, requiera o sea importante conservar.

 

A partir de una elaboración activa y personalizada de los conocimientos y valores referentes a los atributos sexuales biológicos y de la apropiación de modelos y patrones de conducta considerados por la sociedad como deseables para uno y otro género.

Incluye la inclusión de aquellas personas que, por su formación y procesos de desarrollo personal, evidencien comportamientos o puntos de vista diferentes de las consideraciones señaladas en los literales anteriores.

4. Gestión Académica de Calidad

Institucionalmente se mantiene viva la convicción de que la educación es la herramienta más poderosa con que las nuevas generaciones pueden transformar su realidad, mejorar su calidad de vida y acceder con ventaja a la sociedad del conocimiento. Por eso, todos nuestros esfuerzos se centran en brindar una educación de calidad a todos los alumnos del Colegio.

Entendemos que un colegio de calidad es aquel que se preocupa porque los procesos se centren en sus alumnos, quienes aprenden lo que deben aprender cuando lo deben aprender, atiende a la diversidad y cuenta con procesos amplios de participación bajo el siguiente postulado: un colegio de calidad es aquel que ofrece un conjunto de condiciones básicas que aseguran el ingreso y la permanencia de los niños, niñas y jóvenes en el sistema educativo, así como el progreso en su desarrollo socio-afectivo e intelectual; lo que supone una concepción compleja de calidad, que va mucho más allá de las evaluaciones de conocimientos e incluye la perspectiva de los derechos humanos en toda la gestión escolar. La calidad educativa es una de las expresiones más utilizadas actualmente en el ámbito educativo, como punto de referencia que justifica cualquier proceso de cambio o plan de mejora.

Resulta ya un tópico afirmar que vivimos en una sociedad cuya principal característica es el cambio y los permanentes procesos de transformación que se dan en el seno de la misma. La escuela forma parte de esa sociedad y tiene su razón de ser en el servicio que presta a la sociedad; por ello, está afectada por los cambios sociales, económicos y culturales del medio o entorno en el que se encuentra. Como organización, debe adaptarse de forma inteligente a su entorno cambiante y reflexionar de forma permanente sobre la calidad del servicio educativo que presta a la sociedad: en el campo de los conocimientos, es preciso una revisión permanente ante la caducidad de los mismos; surgen nuevos conocimientos y destrezas en la búsqueda y tratamiento de la información, con la aplicación de las tecnologías de la información y la comunicación; la formación en valores es un reto permanente, cuya importancia se acrecienta con la apertura hacia una sociedad cada vez más intercultural; en las relaciones familia – escuela – sociedad; en el campo laboral; en la continua revolución en el ámbito de la pedagogía, de la metodología y de la organización.

Responder a todos estos retos desde la institución escolar es una tarea compleja como compleja es la organización escolar y los procesos de enseñanza y aprendizaje: organización del Colegio, clima escolar, ambiente de trabajo, enseñanza-aprendizaje, evaluación, orientación y guiatura, apertura y participación a la comunidad educativa.

Sólo desde una perspectiva de reflexión permanente y de innovación se puede conseguir una educación de calidad, que responda a las necesidades y demandas del alumnado. Innovar es responder a las necesidades de una sociedad en permanente cambio cultural, científico o tecnológico, lo que exige al Colegio formar a sus alumnos para el futuro. Por otro lado, conviene recordar que Calidad no es un concepto estático, es una característica de las cosas que indica perfeccionamiento, mejora, logro de metas. Calidad no es igual a perfección. Ninguna acción humana y, por lo tanto, ningún sistema educativo puede ser perfecto, pero sí puede y debe aspirar a mejorar. Cuando hablamos de un programa o sistema educativo de calidad, nos referimos a aquél que ha alcanzado estándares superiores de desarrollo, en lo filosófico, científico, metodológico o en lo humano.

Formación basada en competencias

En consonancia con lo dicho hasta ahora, el primer componente del modelo se refiere a una formación basada en competencias. Se distingue entre competencias básicas (comunicativas, matemáticas, científicas, ciudadanas) y competencias específicas en cada área de conocimiento.

La concepción de competencia hace referencia a la capacidad de movilizar conocimientos, valores, habilidades, actitudes, comprensiones y disposiciones entre sí para facilitar el desempeño flexible y eficaz de una actividad o de cierto tipo de tareas en contextos relativamente nuevos y retadores.

Las competencias también hacen referencia a lo que los alumnos deben saber y saber hacer con lo que aprenden. Asimismo, lo que hace posible desarrollar competencias, es la generación de situaciones de aprendizaje significativas en donde la formulación de problemas, la búsqueda de respuestas, la valoración de los saberes previos, el estudio de referentes teóricos, las preguntas constantes, el debate argumentado, la evaluación permanente, sean parte constitutiva de la práctica pedagógica en el aula de clase.

Estrategias de aprendizaje significativo

El segundo componente del modelo educativo es el aprendizaje significativo centrado en el alumno, concepción en la que se valoran los conocimientos y experiencias previas, se privilegia el trabajo personal y cooperativo del alumno como procesador activo de la información y se organiza el trabajo del docente como mediador, que tiende puentes cognitivos y promueve las habilidades del pensamiento.

Para la realización y ejecución del aprendizaje significativo en la práctica pedagógica se posibilita el uso de seis variables: el trabajo en grupos de aprendizaje cooperativo, la elaboración de organizadores gráficos, el medio, la motivación, la creatividad y la adaptación curricular:

  • El trabajo en grupos de aprendizaje cooperativo: El aprendizaje cooperativo requiere de grupos de estudio y trabajo, porque es en el trabajo en grupo donde los alumnos pueden mejorar sus aprendizajes y colaborar con los menos favorecidos en su desarrollo cognitivo.
  • La elaboración de un organizador gráfico mediante el cual se establecen relaciones conceptuales con un orden jerárquico, unido mediante conectores lógicos.
  • El medio: considerado como todo aquello que rodea a las personas desde elementos físicos, geográficos, socio económico y cultural, que lo constituyen como tal por su continua interacción.
  • La motivación: entendida como el conjunto de situaciones que lleva a las personas a alcanzar metas determinadas. Puede ser de tipo intrínseca o extrínseca.
  • La creatividad: como variable del aprendizaje significativo es la que más goza de importancia si se la observa como la capacidad que tienen algunas personas para combinar, asociar y transformar diferentes elementos que conduzcan a un resultado novedoso y original con buenos resultados. Unida a ella se encuentran la imaginación y el pensamiento divergente.
  • La adaptación curricular: como adecuación del plan de estudios a los contextos y situaciones de los alumnos. Se relaciona con las necesidades educativas especiales.

La institución ha asumido como opción para el aprendizaje y la enseñanza el enfoque cognitivo basado en el aprendizaje significativo por estas razones:

  • El constructivismo posibilita el desarrollo de los procesos de pensamiento de los alumnos.
  • El aprendizaje conduce a la creación de estructuras de conocimiento mediante la relación sustantiva entre la nueva información y las ideas previas de los alumnos.
  • El docente presta ayuda pedagógica ajustada a la diversidad, necesidades, intereses y situaciones en la que se involucran sus alumnos.
  • El constructivismo, a la vez que permite el desarrollo del pensamiento, posibilita el desarrollo de habilidades sociales y afectivas.

Según el constructivismo cognitivo, el aprendizaje se determina por conocimientos y experiencias dentro de las estructuras mentales de los alumnos, quienes al vincular lo previo con los conocimientos que el docente da a conocer, procesan activamente la información para dar origen a un nuevo conocimiento de tipo significativo. El trabajo cooperativo es un factor fundamental para el desarrollo de las clases, ya que el mundo globalizado en que vivimos exige el saber relacionarnos con el otro, respetar sus puntos de vista, diferenciar sus capacidades y, sobre todo, aprender a convivir juntos, principio que como seres humanos debemos hacer primar sobre muchos otros.

Formación para la ciudadanía

El tercer componente del modelo educativo es la formación humana y ciudadana como soporte y pilar para una eficaz transformación social, tal como lo enseña el nombre del Proyecto Educativo del Colegio. La concepción antropológica reconoce al alumno como un ser personal y pluridimensional, ofreciendo a niños, niñas y jóvenes las herramientas necesarias para relacionarse con otros de una manera comprensiva y justa.

La formación ciudadana, desde el desarrollo de las competencias ciudadanas permite que cada alumno contribuya a la convivencia pacífica, participe responsable y constructivamente en los procesos democráticos, respete y valore la pluralidad y las diferencias, tanto en su entorno cercano, como en su comunidad educativa, familia y país.

En el modelo educativo la formación ciudadana desde elementos éticos, políticos y pedagógicos caracteriza la intencionalidad formativa del currículo por lo que goza de un privilegio que se expresa de manera transversal en todos los componentes para su consecución.

 

En concordancia con los postulados ya formulados, nuestro quehacer pedagógico gira en torno a tres grandes ejes que caracterizan una educación que coloca al alumno como centro, razón y ser del quehacer: personalización, actividad creadora y socialización. A su vez, se señalan los principios iluminadores de toda la estructura educativa institucional. Esos ejes, con sus respectivos principios, son:

Si complejo resulta definir el concepto de calidad educativa, mayor aún es la dificultad para precisar los niveles de calidad institucional o determinar cuándo una institución educativa es de calidad. Si la finalidad esencial de las instituciones educativas es impulsar y orientar la educación de los alumnos, podría considerarse que una institución educativa de calidad sería aquella en la que sus alumnos progresan educativamente al máximo de sus posibilidades y en las mejores condiciones posibles.

Pero, para poder sustentar esta afirmación, necesitamos conocer una serie de aspectos del centro educativo relacionados con la organización, la gestión, la dirección, los resultados académicos, etc. y para ello, precisamos disponer de unos referentes o componentes a los que con frecuencia se denomina variables.

4.3.1. El producto educativo como identificador de calidad

La finalidad principal y última de un centro educativo es conseguir que sus alumnos alcancen niveles educativos de calidad. La calidad del centro, entendida en términos de resultados, estará íntimamente relacionada con la eficacia y, sobre todo, con la eficiencia en el aprovechamiento de los recursos y los procesos para la consecución de los objetivos educativos. Entre los criterios que podemos utilizar para medir el nivel de calidad del colegio en relación con la calidad del producto, están:

  • Acomodación al grado de desarrollo de los alumnos (físico, intelectual, social y moral), a sus necesidades, intereses y expectativas.
  • Reconocimiento de los alumnos, padres, personal del centro y cuantas personas reciben el efecto o impacto del producto educativo.
  • Permanencia o duración del producto o sus efectos en su ámbito social.
  • Excelencia o perfección en relación con los fines o metas (objetivos del centro).
  • Bajo costo de producción que no debe identificarse con presupuestos bajos, sino con el máximo aprovechamiento de los recursos.
  • Disponibilidad o accesibilidad en el sentido de que el producto está tan extendido y es tan conocido y las vías para acceder a él, son tan asequibles, que cualquier alumno pueda lograrlo.
  • Cantidad de producción en relación con que lo alcancen o poseen un elevado número de alumnos. El producto educativo típico de la institución educativa es la educación, como formación integral del ser humano, que se manifiesta en los valores. La cuestión siguiente es establecer qué valores han de conformar el producto educativo.

4.3.2. La satisfacción de los alumnos como identificador de calidad

La satisfacción de los alumnos equivale a lo que en las empresas se denomina satisfacción de los clientes externos, aunque también son clientes internos en la medida en que son coagentes de su educación. Ésta, ha de basarse en la atención a sus necesidades y posibilidades educativas y al logro de las expectativas que se le planteen. También, se integra en este apartado la satisfacción de los padres y tutores legales, sobre todo, en las edades tempranas.

El grado de satisfacción de los alumnos se extiende a ámbitos como:

  • Cumplimiento de necesidades básicas referidas a la habitabilidad del Colegio, higiene de las instalaciones (ventilación, sol, luz, aire) y de los servicios, espacios para la enseñanza, el estudio y el ocio (aulas, laboratorio, gimnasio, comedor, patio), mobiliario y transporte.
  • Seguridad vital que se concreta en la seguridad del edificio, del mobiliario, del transporte, de las zonas de recreo, del gimnasio.
  • Seguridad económica en cuanto que se garantiza la no discriminación por motivos económicos en la realización de las actividades educativas del centro, en las extraescolares, en los servicios complementarios y en los materiales didácticos.
  • Seguridad emocional que le garantice el afecto necesario para el desarrollo equilibrado de su personalidad. Trato afectuoso del director, de los docentes, del personal del Colegio, de sus compañeros.
  • Pertenencia al Colegio o al grupo de clase que se deriva de la realidad de ser miembro del grupo en cuestión. Aceptación de los diferentes miembros de la comunidad educativa.
  • Sistema de trabajo en relación con la forma de enseñanza – aprendizaje, recursos disponibles, acceso a la biblioteca, uso de los medios audiovisuales, acción tutorial, metodología, sistema de evaluación, participación.
  • Prestigio o reconocimiento del éxito personal que los miembros del Colegio o de la clase tienen sobre sus logros. Reconocimiento por los distintos miembros de la comunidad educativa.
  • Autorrealización personal en cuanto a las posibilidades con que cuenta para actuar con arreglo a su condición personal, para desarrollar las aficiones y potencialidades que cree tener, etc. Esta satisfacción se concreta en aspectos como la libertad de que goza en el centro, en el aula, autonomía de trabajo, desarrollo de la creatividad, actividades artísticas.

4.3.3. La satisfacción del personal del Colegio como indicador de calidad

Este indicador engloba a todas las personas que hacen posible el funcionamiento del centro: docentes, personal administrativo y de mantenimiento, etc. Los aspectos a tener en cuenta son:

  •  Satisfacción por las condiciones materiales como retribuciones económicas, vacaciones, seguridad del edificio e higiene, aulas y espacio de enseñanza – aprendizaje, mobiliario, recursos didácticos, horario.
  • Satisfacción por la seguridad básica en la profesión en relación con la estabilidad laboral, movilidad profesional (dentro del centro y con otros centros), formación inicial, formación continua.
  • Satisfacción por la estructura de funcionamiento institucional como miembro de la organización, por lo que cabe considerar la organización del Colegio (equipo directivo, servicios de apoyo pedagógico, servicios de apoyo asistencial, servicios auxiliares, etc.); documentos organizativos (Proyecto Educativo, Proyecto Curricular, Acuerdos de Convivencia Escolar y Comunitaria, Planificación General Anual, Programación de Aula, etc.); clima de trabajo (relaciones con los distintos miembros y cargos, cauces de participación, trabajo en equipo, coordinación, etc.).
  • Satisfacción por los resultados alcanzados, independientemente de la que tengan otros sectores o servicios administrativos, en cuanto a valores desarrollados, calificaciones, conocimientos adquiridos, hábitos de estudio, comportamiento genera.
  • Satisfacción por el prestigio profesional en cuanto al reconocimiento social por la sociedad en general, las autoridades administrativas, etc.; reconocimiento institucional interno, la formación desarrollada, el ejercicio profesional, la autonomía de trabajo.

4.3.4. El efecto de impacto de la educación como indicador de calidad

El efecto de impacto se refiere a la repercusión que la educación de los alumnos que han pasado por el centro ha obtenido y su proyección en el entorno de trabajo donde desarrollan su actividad estas personas. El efecto suele analizarse en cuatro ámbitos: académico, social, laboral y familiar.

  • En el entorno académico se pone de manifiesto en tanto que una buena formación en una determinada etapa favorece el progreso en la siguiente.
  • En el entorno familiar en tanto que influye en el clima familiar.
  • En el entorno laboral si el alumno es capaz de compaginar el trabajo con el estudio o bien, su situación laboral es buena por su buen nivel académico.
  • En el entorno social en la medida en que las personas educadas en un centro ejercen una influencia sobre el entorno social en que se ubican: si el producto educativo es de calidad, se producirá un efecto favorable sobre dicho entorno: comportamiento cívico, clima de respeto y tolerancia social, colaboración y participación ciudadana, nivel cultural, mejora del medio ambiente, desarrollo de actividades físico-deportivas.

4.Gestión Académica de Calidad / 4.2. Ejes articulares del quehacer educativo

Conlleva la valoración o reconocimiento de los procesos de cada sujeto como realidad original y distinta. La educación personalizada responde, esencialmente, a cuatro principios metódicos: adecuación a la singularidad personal de cada alumno, armonizada ésta con el trabajo cooperativo, la posibilidad de elección de contenido y técnicas de trabajo por parte de los alumnos, la unificación del trabajo escolar en la actividad expresiva, y la flexibilidad en la programación y utilización de las situaciones de aprendizaje. La capacidad del docente para adaptar los medios a su alcance (objetivos, contenidos, metodología, organización del aula, evaluación) y ajustarse a las necesidades de aprendizaje del alumnado, garantiza la personalización. Los principios correspondientes son:

Singularidad

Hace referencia explícita al carácter único e irrepetible de la persona. Según, se puede pensar que las personas pueden llegar a parecerse por sus rasgos físicos o sus capacidades intelectuales o morales, pero nunca podrán ser iguales.

En el plano pedagógico, la singularidad conlleva la premisa fundamental de las diferencias individuales, lo que implica que los diversos programas de estudio no deben limitarse únicamente a promover el predominio de las inteligencias lingüísticas y matemáticas (o a lo sumo de las denominadas materias o asignaturas fundamentales), minimizando así la importancia de otras formas de conocimiento y privando al alumno de los reconocimientos por sus esfuerzos y su contribución al desarrollo del ámbito escolar y social, propio y de los demás.

Autonomía

Hace referencia a la capacidad que tiene la persona, como ser individual, para asumir comportamientos acordes con su desarrollo físico, mental, cognitivo y ético-moral. Una persona actúa de manera más o menos responsable en la medida en que es más o menos autónoma. En la medida que el niño crece, madura mediante la adquisición de patrones y criterios de comportamiento. Así, aprende a amarrar sus zapatos, a bañarse, a saludar, a respetar… incrementando el nivel y la calidad de las competencias necesarias para desempeñarse socialmente al interior y exterior, tanto de la familia como del colegio.

Un elemento fundamental en el proceso de crecimiento autónomo lo constituye el desarrollo de la propia identidad, proceso que se inicia en la infancia pero que se reafirma, de manera contundente y traumática, durante la adolescencia. La denominada “crisis de identidad” se entiende como “la forma diferente de sentir y vivenciar la propia realidad individual en comparación con la realidad vivida durante la infancia. En ella, se pasa de manera brusca de la niñez a la vida adulta, y este cambio de situación vital o la vivencia de esta transición, es lo que produce un sentimiento de despersonalización y de extrañeza de sí mismo”. La afirmación del propio yo pareciera la tarea más importante durante esta época de la vida, lo que conlleva dos aspectos: uno individual y otro social. Lo primero, caracterizado por la afirmación del yo y lo segundo, por la rebelión contra todo sistema de valores de los adultos.

La adolescencia marca el paso, de una vida dependiente y de cuasiparasitismo, a una vida autónoma. Es el momento de romper amarras y lanzarse a la conquista de una vida diferente de la del niño. Abandona el mundo cerrado de los primeros años para lanzarse a la forma de vida y a las actividades de los adultos… El adolescente quiere asegurar su autonomía frente al medio, y la consecución de unos fines fijados por él mismo.

Son elementos importantes del desarrollo autónomo: la adopción de decisiones frente a la vida (el ajuste a las demandas sociales propias de su género, la elección ocupacional, la adopción de roles), la formación de la propia identidad (confianza frente a la desconfianza, autonomía frente a vergüenza y culpa, iniciativa frente a culpa, laboriosidad frente a inferioridad).

Adaptación

En el plano pedagógico, la adaptación alude a la disposición que debe asumir, tanto el docente como el entrabado escolar, en relación con la diversidad de personalidades que constituyen el grupo de escolares. El respeto a las diferencias individuales obliga, de alguna manera, a que cada maestro conozca a cada uno de sus alumnos tanto en sus potencialidades como en sus limitaciones y que establezca procesos didácticos que garanticen éxito para todos en el proceso educativo que lidera.

La adaptación es equivalente a un constante ejercicio de creatividad y de puesta a punto de las posibilidades y las competencias pedagógicas del maestro y del colegio, en general. Sin embargo, adaptación no significa transigir con insuficiencias, tolerar antojos o caprichos, sino que se debe intentar configurar a cada persona según sus posibilidades.

Autoestima

Se entiende como la capacidad de cada persona para reconocerse con valores y limitaciones (de carácter físico, intelectual, espiritual…) y quererse y aceptarse como tal.

Los niveles de autoestima en la persona están en directa proporción con los procesos de acompañamiento afectivo recibido desde niño en el hogar y continuados positiva o negativamente en el Colegio. Tal y como ocurre con los procesos autonómicos, el adolescente es quien enfrenta de manera crítica el proceso de aceptación de sí mismo, de valoración y reconocimiento de sus capacidades y sus limitaciones y el desarrollo de los correspondientes resortes íntimos para soportar los impactos derivados de su relación con el entorno social del cual forma parte.

Varias son las circunstancias que influyen dentro de ese proceso de aceptación: (i) el adolescente, presionado por las transformaciones corporales puberales, debe reelaborar su imagen corporal construida hasta entonces de manera “inocente” durante la infancia. El interés por el cuerpo y la apariencia física han estado presentes siempre en la historia de la humanidad. Los valores estéticos, como es lógico, han ido cambiando con el tiempo, pero no ha disminuido la preocupación de los individuos para ajustarse a los modelos culturales y a los estereotipos estéticos vividos en su época.

La necesidad de aceptarse y sentirse físicamente se complementa con la otra batalla adolescencial fundamental: su identificación como parte de un género y la necesidad de interiorizar roles, funciones y valores que lo caracterizan. En el proceso de enculturación y de socialización en el género influyen, tanto factores constitucionales (edad, nivel de desarrollo, sexo), como sociales (familia, colegio, grupo), factores que van interrelacionándose entre sí para conformar la identidad de cada individuo.

Los procesos de socialización y endoculturización determinan el aprendizaje de estereotipos, roles, valores, etc., que conforman la identidad de cada persona basándose en su género, elementos transmitidos socialmente de una generación a otra reproduciendo las estructuras sociales existentes. Esto conlleva expectativas a nivel social diferenciadas para hombres y mujeres.

La aculturación es el proceso mediante el que una cultura receptora asimila e incorpora elementos procedentes de otra cultura o de otro grupo con los que ha estado en contacto directo y continuo durante cierto tiempo. Relacionado con el concepto de aculturación, la endoculturación permite que los individuos de un grupo (generalmente niños), adquieren las pautas de conducta y demás aspectos de su cultura a partir de los otros miembros (generalmente adultos) de su grupo, mediante la observación y la enseñanza.

Los factores afectivos, así como los niveles de éxito, complementan el mapa para que la persona, en este caso el alumno, vaya configurando de manera más o menos positiva los niveles de aceptación de sí mismo. El éxito académico, por ej., sumado al éxito en sus relaciones socio-afectivas, determinará en qué medida la persona joven va elevando sus niveles de autoestima, sumado a los demás factores anteriormente descritos.

En el plano pedagógico, le corresponde al colegio apalancar los procesos de tal forma que, garantice un tránsito lo más tranquilo posible por cada uno de los estadios de crecimiento del alumno, teniendo siempre presente que, en las actuales circunstancias históricas, la familia ha descuidado sus obligaciones fundamentales para garantizar todos aquellos aprendizajes primarios que se colocan, precisamente, en la base de un armónico proceso de crecimiento de los niños.

Ejercicio que entremezcla el desarrollo intelectual con las disposiciones de la voluntad, permitiéndole a la persona superar el concepto de “hacer por hacer”. Los principios que corresponden son:

  • Fluidez: Alude a la habilidad de la persona para producir ideas o soluciones a un problema específico. El alumno desde niño aprende a tener claro que, para solucionar un problema no existe solamente una posibilidad, sino varias. El maestro, como mediador del aprendizaje, infunde en el niño la certeza de la variedad de posibilidades para solucionar problemas de cualquier índole; de lo contrario acostumbrará al alumno a que las soluciones son monotemáticas y que dependen, esencialmente, del maestro.
  • Flexibilidad: Se refiere a la capacidad para hacer “lecturas” de manera rápida, así sean imperceptibles, sobre las circunstancias que rodean a cada persona, así como la capacidad de respuesta que incluye la rapidez y la eficacia de la misma. La habilidad de adaptación hace referencia a estados (clima, por ej.), comportamientos (forma de actuar de acuerdo con circunstancias específicas), o personas (maneras de establecer relaciones o comportamientos). Además, a la capacidad para generar opciones, aceptar ideas para resolver un problema a partir de un conjunto de posibilidades y cambiar enfoques o puntos de vista. Una persona con esta característica está capacitada para actuar en contexto.
  • Originalidad: Alude a la capacidad de la persona para que las respuestas que dé a problemas sean únicas y novedosas. Se manifiesta, entre otras cosas, por evidentes grados de exigencia frente a la producción personal y la insatisfacción que conlleva contentarse con reproducir esquemas o formas preestablecidas o determinadas por otros (en particular por padres y/o maestros). Es una especie de rebeldía intelectual que se acentúa en aspectos como el arte, las expresiones musicales, la literatura, la comunicación, la filosofía, entre otras.
  • Elaboración: Se refiere a la capacidad para manejar información: percibir deficiencias, redefinir ideas, incluir muchos detalles. Como aspecto muy importante, la disponibilidad para recibir la crítica.

Solidaridad: Se entiende como la capacidad para adherir circunstancial o permanentemente a la causa o empresa de otros. También, a la capacidad para sintonizar de manera afectiva en el desarrollo de tareas que busquen el bienestar o el progreso de grupos sociales, comunidades o instituciones.

Es básicamente un concepto altruista y no técnico. La actitud solidaria se coloca por encima de credos, razas, opciones políticas, creencias, comportamientos o costumbres. La persona solidaria hace el bien sin miramientos, particularmente, cuando se trata de ayudar a quien está en estado de indefensión o de inferioridad de cualquier índole.

Las actitudes solidarias se expresan en el diario vivir e involucran a la persona desde la edad temprana, van en línea directa con las opciones vocacionales que ocuparán la vida adulta, pero que se espera estén matizadas de unos mínimos de actitudes por procurar el beneficio de los demás.

Pluralismo: Alude a la capacidad que tiene cada persona para aceptar la diversidad de opiniones, de tendencias o de comportamientos. Se fundamenta en el principio filosófico según el cual, el mundo se constituye de seres múltiples e individuales; donde no todos piensan lo mismo, hacen lo mismo o se comportan de la misma manera.

El enfoque humanista supone actitudes abiertas de aceptación o, cuando menos, de tolerancia hacia los demás. Este ejercicio lo vive el alumno, niño o adolescente, cotidianamente en el colegio, aprendiendo (al interior y fuera del aula), que en la diferencia está la riqueza de un grupo social y que en la colaboración y el entendimiento, se fundamentan las relaciones de carácter social de las cuales, todos formamos parte. Por tanto, apunta al concepto de asertividad y calidad en lo que se hace.

El pluralismo supone no solamente entender y tolerar sino, sobre todo, aceptar que no todo está en línea directa con las ideas, creencias o convicciones que se profesan de manera personal.

Participación: Es la característica fundamental de las sociedades modernas y se deriva de los principios de solidaridad y pluralismo. La dinámica de los grupos sociales se construye sobre actos reales de participación de todos sus individuos. El símil del cuerpo como unidad, ilustra de manera pedagógica los niveles de participación dentro de un conjunto interrelacionado; estos ni son iguales, ni se dan necesariamente de manera simultánea, pero sí de manera coordinada y armónica.

Todo organismo social depende, en mayor o menor medida, de una participación efectiva de todos los miembros que lo conforman. Familia, colegio, sociedad son los escenarios en los cuales la persona comienza, madura y desarrolla sus niveles de participación. Los elementos culturales son fundamentales; pero en nuestro contexto las tareas de participación se dan desde la misma infancia y van transcurriendo de manera dinámica por los escenarios escolares hasta desarrollarse de manera plena en el contexto del trabajo y de la vida adulta.

Es a través de actos efectivos de participación como el niño vive y aprende, tanto lo relacionado con los roles y valores sociales (el respeto, acciones de liderazgo, responsabilidad, cooperación, etc.), como la dinámica misma del conocimiento y la ciencia en todas sus manifestaciones.

5. Las Competencias para el Alumno

Un modelo educativo basado en competencias deberá integrar las siguientes competencias, que constituyen los perfiles de egreso del educando:

1. Competencias para el aprendizaje permanente

Implican la posibilidad de seguir aprendiendo a lo largo de la vida, aprender a aprender, movilizando los distintos saberes: conceptuales, procedimentales, actitudinales y valores en la solución de diversas situaciones. Integrarse a la cultura escrita, hacer un uso adecuado de las tecnologías de la comunicación y la información para comprender la realidad y participar en su mejora.

2. Competencias para el manejo de la información

Se relaciona con la movilización de saberes para identificar, valorar, seleccionar, sistematizar y utilizar información, así como el conocimiento y manejo de estrategias para el estudio y la construcción del conocimiento en diversas disciplinas y en ámbitos culturales diversos.

3. Competencias para el manejo de situaciones

Consiste en organizar y animar a los alumnos a diseñar proyectos de vida que incluya diversos ámbitos de desempeño: social, cultural, académico, económico, etc., administrándolo en tiempo y forma. Implica, además, afrontar los cambios que se presentan, tomando decisiones y asumiendo consecuencias de su actuar, enfrentar el riesgo y la incertidumbre en este mundo complejo y cambiante.

4. Competencias para la convivencia

Implican relacionarse armónicamente con otros y con la naturaleza; trabajar en equipo, en colaboración para el logro de metas o propósitos establecidos. Considera, además, el manejo de las relaciones personales e interpersonales para la convivencia, valorando la diversidad, interculturalidad y su viable inclusión.

5. Competencias para la vida en sociedad

Se refieren a la capacidad para decidir y actuar, con juicio crítico, frente a los valores y las normas sociales y culturales. Promover ejes transversales que permitan actuar con respeto a los demás, a la diversidad, combatiendo el racismo y la discriminación. Los campos formativos y las asignaturas que conforman el mapa curricular de este nuevo modelo educativo se definen y organizan con la finalidad de dar cumplimiento a los propósitos formativos establecidos en el perfil de egreso de la educación para la vida. Los currículos de la educación deberán estar orientados a niveles de desempeño con base en las áreas formativas como: “Lenguaje y comunicación”, “Pensamiento matemático”, “Exploración y comprensión del mundo natural y social”, y “Desarrollo personal y para la convivencia”.

El diseño curricular por competencias deberá estar contextualizado en tiempo y en espacio, ya que a través del mismo se procurará responder a los problemas, dilemas y demandas que irá planteando la nueva realidad que se irá conformando. Por su parte, el desarrollo curricular por competencias no es una colección de eventos y componentes, cual piezas de un rompecabezas, ya que cada uno de sus componentes influye en los demás de manera dialéctica. A su vez, tal diseño se deberá enfocar sobre la base del logro de comportamientos terminales, que deberán ser evaluadas de manera permanente, por todos los actores, ya que lo que se persigue es el desarrollo de toda la dimensión humana del sujeto y ésta, no puede ser valorada unilateralmente.

Dado que el diseño curricular se enfoca en la solución de problemas, no se puede ver como una colección de saberes, para que el educando, por cuenta propia y casi con carácter mágico, logre dar el salto cualitativo en la integración de saberes, haceres, aptitudes y actitudes. Este enfoque será de carácter holístico, a través de la transdisciplinariedad del quehacer humano en tanto mecanismo para resolver problemas, donde no hay una disciplina más importante que otra, porque todas, de una u otra manera, son elementos constituyentes del todo y contribuyen al mejoramiento de la Humanidad.

El diseño curricular deberá partir del constructivismo en términos individuales, y del construccionismo, en términos sociales, para dar un salto de calidad que le permita a la humanidad ir más allá, este salto se materializará en el desempeño de las competencias a ser desarrolladas. En este “salto”, los docentes jugarán un papel fundamental, el de ser los guías para que cada sujeto, incluidos ellos mismos, encuentren su propio camino hacia el desarrollo integral de la personalidad y por ende, el desarrollo de toda la comunidad.

Los docentes tendrán la misión de perfilar las situaciones problemáticas que permitan a los educandos determinar qué saberes, qué haceres, qué aptitudes y qué actitudes son las requeridas para la solución de los problemas que se enfrenten, serán pues, los encargados de la gestión para el desarrollo de las competencias.

Seis tipos de procesos que se corresponden con acciones cognitivas y comportamientos- contribuyen a perfilar una secuencia general de dominio de cada competencia:

  • 1. Elementales o de REPRODUCCIÓN:
  • 2. Desarrolladas o de CONEXIÓN:
  • 3. Avanzadas o de REFLEXIÓN:

Acceso o Conocimiento: Representa las acciones de recordar y reconocer los términos, los hechos, los conceptos elementales de un ámbito de conocimiento y de reproducir fórmulas establecidas.

Comprensión: Supone acciones como captar el sentido y la intencionalidad de textos, de lenguajes específicos y códigos relacionales e interpretarlos para resolver problemas.ncia:

Aplicación: Comporta la aptitud para seleccionar, transferir y aplicar información para resolver problemas con cierto grado de abstracción y la de intervenir con acierto en situaciones nuevas.

Análisis y valoración: Significa la posibilidad de examinar y fragmentar la información en partes, encontrar causas y motivos, realizar inferencias y encontrar evidencias que apoyen generalizaciones. Se empareja con el compromiso.

Síntesis y creación: Se corresponde con las acciones de compilar información y relacionarla de manera diferente, establecer nuevos patrones, descubrir soluciones alternativas. Puede asociarse a la resolución de conflictos.

Juicio y regulación: Representa capacidades para formular juicios con criterio propio, cuestionar tópicos y exponer y sustentar opiniones, fundamentándolas. En otro orden, se asociaría a acciones de planificación compleja, de reglamentación y de negociación.

En el enfoque basado en competencias se requiere una reconceptualización del proceso evaluativo (lógica de 360º), que dé cuenta de la multidimensionalidad que subyace al concepto de competencia y, además, sea congruente con las innovaciones metodológicas que se implementen para su adecuado desarrollo. En este contexto, la evaluación ha de tener una serie de características distintas, tales como: evaluaciones de retroalimentación que permitan a los alumnos monitorear su proceso formativo; evaluaciones con componentes de autoevaluación; evaluación de pares y evaluación del docente – facilitador. De esta forma, los alumnos y los docentes podrán contar con información de diversas fuentes para comprender, tanto el proceso como los resultados de aprendizaje, centrándose además, en evidencias observables de desempeño que muestren el nivel de desarrollo de las competencias generales y específicas, definidas en el perfil de egreso de cada área y asignatura.

Para lograr lo anteriormente señalado, es necesaria la generación o fortalecimiento de mecanismos al interior de las distintas Etapas- que se encarguen de apoyar y facilitar el desarrollo y nivelación de competencias en forma oportuna, de modo tal que, se puedan determinar estrategias de enseñanza – aprendizaje, contribuyendo a optimizar la gestión de los aprendizajes.

Siguiendo esta misma línea, será necesario disponer de sistemas para la certificación de competencias estrechando vínculos con otras instituciones educativas, pues es allí, donde los alumnos podrán enfrentarse a situaciones de aprendizaje en diferentes contextos, con diversos estándares de desempeño.


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